Tag Archives: Vida religiosa y cambios

Respuesta a los nuevos movimientos en la vida religiosa: una experiencia franciscana

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Ilia Delio, OSF

Cuando el Vaticano II invitó a las congregaciones y órdenes a volver al origen de sus carismas, los Franciscanos descubrieron sus raíces en la tradición del despertar evangélico de la Edad Media. A través de un estudio crítico de textos, los Franciscanos llegaron a identificar su camino de vida como una vida evangélica. Sabemos que ni la oración ni el trabajo definen el corazón de esta vida, más bien esta vida evangélica consiste en vivir como persona en relación. Es una vida centrada en el seguimiento de Jesucristo y en hacer que Cristo viva en el mundo. De aquí que el sentido de la vida no es cómo oramos o lo que hacemos, sino cómo vivimos la experiencia de la presencia de Dios a través de Cristo. Por eso la espiritualidad Franciscana es, ante todo, profundamente secular porque la centralidad de la Encarnación refleja la bondad inherente en el mundo; el mundo no es pobre, sino rico de la bondad de Dios. Nuestro llamado nos pide dar un nombre al bien que existe, identificarse, como hermana o hermano, con lo que hay de bueno, y ayudar a que Cristo nazca como el centro y meta de esta creación.

El deseo de vivir la vida Franciscana de manera evangélica en un mundo tan complejo y global nos llevó a una hermana y a mí a empezar, hace unos años, una nueva vida comunitaria. Nuestra intención no era repetir las antiguas formas de vida religiosa en este mundo nuevo; más bien buscábamos – y buscamos todavía – nuevas formas de relacionarnos con el mundo como mujeres centradas en el Evangelio. Hay varias razones que están al origen de esta búsqueda.

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Comentarios a la ponencia de Sandra Schneiders «La vida religiosa en el futuro»

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Bárbara P. Bucker, MC

La contribución de Sandra Schneiders es rica y sugestiva. Quiero destacar esa riqueza y aportar de mi parte lo que ha surgido en mí, desde el contexto en que vivo la Vida Religiosa.

Considero un verdadero acierto partir del concepto de “mundo” con la variedad de sentidos que tiene el Evangelio de Juan. Este punto de partida nos permite situar la Vida Religiosa dentro de la gran misión fundamental, la del Padre Madre Dios que envía su Hijo al mundo. El dogma de la Encarnación es el de la humanización de lo divino en lo humano de Jesús, por eso la Iglesia puede sintonizar con todo lo humano, porque Dios lo hizo primero con su Hijo.

El destinatario del amor del Padre es el mundo como humanidad amada, pero en este momento de la historia en el que las relaciones humanas se vuelven muy complejas y tienen cada vez más características estructurales. Esto permite situar los votos, –signo de ese amor en Cristo– en el contexto de las estructuras del mundo, económicas y políticas.

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La vida religiosa en el futuro

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Sandra M. Schneiders, IHM

Mi tarea, hablar del futuro de la vida religiosa, es tanto la mejor como la peor de las tareas.

Es la mejor porque nadie puede probar que me equivoco en el presente. Es la peor porque nadie puede especular libremente qué significa “el futuro” en nuestro mundo multi-cultural, pluralista, globalizado, amenazado nuclearmente, comprometido en cuanto al ambiente postmoderno, y que cambia caleidoscópicamente a una velocidad vertiginosa. En resumen, es imposible cualquier intento de describir el futuro para aventurar alguna clase de predicción aceptable. De modo que, en lugar de hablar del futuro de la Vida Religiosa, hablaré de la Vida Religiosa en el futuro, cualquiera que sea ese futuro.

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