Sandra M. Schneiders, IHM

Mi tarea, hablar del futuro de la vida religiosa, es tanto la mejor como la peor de las tareas.

Es la mejor porque nadie puede probar que me equivoco en el presente. Es la peor porque nadie puede especular libremente qué significa “el futuro” en nuestro mundo multi-cultural, pluralista, globalizado, amenazado nuclearmente, comprometido en cuanto al ambiente postmoderno, y que cambia caleidoscópicamente a una velocidad vertiginosa. En resumen, es imposible cualquier intento de describir el futuro para aventurar alguna clase de predicción aceptable. De modo que, en lugar de hablar del futuro de la Vida Religiosa, hablaré de la Vida Religiosa en el futuro, cualquiera que sea ese futuro.

Ver texto completo