Bárbara P. Bucker, MC

La contribución de Sandra Schneiders es rica y sugestiva. Quiero destacar esa riqueza y aportar de mi parte lo que ha surgido en mí, desde el contexto en que vivo la Vida Religiosa.

Considero un verdadero acierto partir del concepto de “mundo” con la variedad de sentidos que tiene el Evangelio de Juan. Este punto de partida nos permite situar la Vida Religiosa dentro de la gran misión fundamental, la del Padre Madre Dios que envía su Hijo al mundo. El dogma de la Encarnación es el de la humanización de lo divino en lo humano de Jesús, por eso la Iglesia puede sintonizar con todo lo humano, porque Dios lo hizo primero con su Hijo.

El destinatario del amor del Padre es el mundo como humanidad amada, pero en este momento de la historia en el que las relaciones humanas se vuelven muy complejas y tienen cada vez más características estructurales. Esto permite situar los votos, –signo de ese amor en Cristo– en el contexto de las estructuras del mundo, económicas y políticas.

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