Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

Entre los secretos que conservan nuestras clausuras femeninas están todas aquellas manos de religiosas que con paciencia y tiempo elaboraron tantas y tantas piezas que, en algunos casos, llegaron a salir fuera del claustro, por su calidad, o simplemente como obsequioso presente para familiares y benefactores.

En definitiva monjas artistas y artesanas. Entre las primeras ocupa un lugar especial la Madre Graciosa de los Ángeles, carmelita descalza del convento de San José de Pamplona y autora del rico terno para los pontificales del monasterio de Fitero, recientemente restaurado.

Del mismo modo que los frailes tracistas convirtieron su quehacer en arte, al diseñar edificios, algunas religiosas de clausura llegaron a tal grado de especialización en sus tareas de bordado que emularon a los bordadores profesionales, entonces hombres. Tal fue el caso de la carmelita descalza Graciosa de los Ángeles (+1672), del Carmelo de San José de Pamplona. En una relación de su vida del archivo conventual se alaban sus virtudes, entre las cuales destacaban sus excelentes manos para la labor con las cuales fue de gran utilidad a la comunidad, agregando que “bordaba con gran primor y cualquier cosa que la madre Graciosa hacia la dejaba acabada con toda perfección y en un terno en que las madres ganaron mil ducados de solo hechuras la madre Graciosa fue una de las que más se esmeró y fue tal su fervor y de las demás que hicieron esta labor, que el Padre Provincial fray Martin de Jesús Mª se vio obligado a mandar en la visita y dejo por escrito entre otras cosas que no se levantasen las religiosas a las cuatro a trabajar y este terno era para la Real Casa de Fitero y toda esta obra dijo el que se hiciese y se debe a la diligencia de la madre Ana Maria de Jesús, aquella gran religiosa”. Así reza su partida de defunción conservada en el Libro de Difuntas del Carmelo pamplonés.

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