Ivone Gebara

Adital

La prensa nacional e internacional ha informado este año del inicio del proceso de beatificación de Dom Helder Câmara como una buena noticia para muchos. Las noticias desde Recife se divulgan al mundo casi en tiempo real. Una misa solemne marca el inicio del proceso de beatificación, un proceso aprobado rápidamente por el Vaticano también para asombro de muchos.

Aunque sabemos que hay un buen grupo que condenaba las acciones de Dom Helder como obispo y aún continúa condenándolo como candidato a beato y quizá santo, creo que la mayoría de los comentarios van en la línea de una aprobación entusiasta de su nombre. Están convencidos de que la Iglesia católica encabezada por el Papa Francisco está en un extraordinario momento de reconocimiento de profetas contemporáneos y sella esta actitud elevándolos a los altares. Hace también justicia a lo que simbolizan en la lucha por los derechos humanos y el cuidado evangélico de los pobres. Tengo muchos amigos y amigas que forman parte de ese grupo de entusiastas y eso me coloca en una posición delicada ante ellos por abrir brechas en su entusiasmo pensando de otra manera. Pero creo, asimismo, que es importante reflexionar un poco más sobre las consecuencias de la beatificación. Propongo este breve texto para abrir un diálogo con los lectores y lectoras como quien conoció a D. Helder y trabajó durante muchos años en la Archidiócesis de Olinda y Recife. Pensar hace bien incluso cuando socava algunas certezas que imaginábamos tranquilas.

Ver texto completo

    ….