Queridos amigos y amigas:

Pensando en cómo agradecer a la Escuela Superior de Teología de São Leopoldo (EST) y a muchos de ustedes por la elección de mi nombre para recibir el título que se me ha concedido, busqué inspiración en el baúl de mis recuerdos. Viajé en la memoria por muchas situaciones del pasado, volví a ver rostros familiares y rememoré los cursos y encuentros en muchos lugares y, particularmente, en São Leopoldo. De repente e inesperadamente me vinieron a la mente las 95 tesis de Lutero. No sé bien por qué invadieron mi pensamiento. Entonces pedí ayuda a Google y en un minuto las tenía delante de los ojos. Disfruté releyendo las tesis y entonces me di cuenta de las asociaciones que me provocaban. Sin duda, una asociación no es una interpretación, sino un pretexto para reunir y desarrollar pensamientos, tal vez hasta sentimientos medio dispersos que poco a poco se van atando y construyendo significados temporales.

En 1517 el monje Martín Lutero clava en la capilla del Castillo de Wittemberg sus célebres 95 tesis contra la política de indulgencias promovida por el papa y difundida por muchos clérigos. Ustedes conocen bien esta historia. Pero estoy segura de que les está extrañando la referencia a este acontecimiento en la entrega del título de “doctora honoris causa” que esta noche se me ha concedido. Sin duda, ninguna de las 95 tesis de Lutero se refiere al feminismo, a la teologia feminista y a la dignidad de las mujeres en la Iglesia. Sin embargo, en el claroscuro de mi pensamiento intenté seguir algunas pistas que provocaban mis asociaciones libres. Y son estas asociaciones tejidas de recuerdos y emociones las que comparto con ustedes.

Comienzo con una constatación: hoy es la comunidad teológica luterana la que primero da a las teólogas feministas, especialmente de Brasil, el reconocimiento público de su trabajo a lo largo de casi cuarenta años. Con esta posición, de alguna manera, se rebela contra las prácticas de exclusión de las mujeres como sujetos de iguales derechos en la sociedad y en las Iglesias. Y esta rebelión es una forma de denuncia y al mismo tiempo un reconocimiento de la labor de las mujeres que se extiende a todas las confesiones cristianas y a muchos lugares de América Latina y del mundo.

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