Isabel Gómez-Acebo

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No parece que se arreglan las relaciones entre el cardenal Müller, al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe y la LCWR, la asociación que agrupa al 80% de las monjas estadounidenses. En los últimos días del mes de abril recibieron las religiosas una nueva carta del Vaticano con una fuerte reprimenda por sus posiciones “heterodoxas”. Entre el pueblo americano se ha producido una gran reacción que ha culminado en una carta al papa, datada el dos de junio, firmada por 16 asociaciones católicas y más de mil sacerdotes. En ella, acusan a Müller de no estar llevando bien las relaciones con las religiosas lo que ha causado tristeza en la comunidad católica. Parece que el cardenal les achacaba la promoción de ideas “futurísticas” contrarias a la revelación cristiana que suponían una orientación preocupante a la vez que lamentaba que hubieran concedido su premio anual a la hermana teóloga Elizabeth Johnson, que está bajo el escrutinio de los obispos americanos por “presuntos” errores doctrinales en sus libros, una decisión que el cardenal considera una provocación contra la Santa Sede.

Estos comentarios, para los firmantes de la carta al papa, son “prematuros y unilaterales”, no hacen referencias concretas a las posiciones expresadas por la LCWR a lo largo del proceso que siguen, y representan una reprobación pública de las hermanas. Se preguntan si estos métodos ayudan a nuestro credo y a la percepción que de la institución tiene el pueblo, pues muchos ven en ellos una intimidación jerárquica. Hubiera sido mucho mejor que las dos partes hicieran una declaración conjunta tras las conversaciones mantenidas ya que las religiosas tras el último encuentro con los representantes del vaticano, habían emitido un comunicado en el que afirmaban que el diálogo había resultado muy iluminador.

La carta al papa se queja del estilo con el que se están afrontando cuestiones importantes en el seno de la Iglesia, una forma que se aleja de un diálogo honesto ya que determina de antemano el resultado. El procedimiento se aleja de lo que recomienda la primera carta de Pedro, en el sexto domingo de Pascua, cuando habla de desarrollar las razones de nuestra esperanza, afirmar nuestras posiciones y creencias con gentileza y respeto. “Rezamos, dicen en su conclusión, para que estos abusos en el proceso de confrontación con las religiosas tengan fin y, tanto en este caso como en muchos otros,  se busque un diálogo auténtico, capaz de avanzar con gentileza y respeto, única manera de alcanzar el éxito en línea con una aproximación pastoral verdadera”.