Con sus ahorros, se convierten en accionistas con derecho a voz, y obligan a los directivos de las multinacionales de Wall Street a escuchar sus suaves pero implacables reproches instándoles a realizar una gestión empresarial y económica más ética

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Esta semana, el The New York Times se ha hecho eco de una iniciativa de la hermana franciscana Nora Nash y sus compañeras religiosas por medio de la cual obligan a los despachos de las grandes corporaciones de Wall Street a escuchar sus suaves pero implacables reproches sobre la gestión empresarial y económica que están llevando a cabo.

El mecanismo que utilizan estas hermanas franciscanas consiste en adquirir participaciones de empresas para intervenir en sus juntas de accionistas. De esta manera, por un coste relativamente bajo, se tiene la posibilidad de hablar cara a cara con aquellos que toman las decisiones contra las que se quiere protestar, a menudo personas que preferirían no tener esa conversación.

De hecho, numerosos grupos de protesta, como los propios indignados que centran sus manifestaciones en Wall Street han querido interpelar a las grandes corporaciones por su responsabilidad en la crisis económica actual sin demasiado éxito. Sin embargo, Nora Nash y sus compañeras religiosas ya estaban allí mucho antes de que ellos llegaran y con métodos más efectivos.

Visitas a Goldman Sachs, British Petroleum y Lockheed Martin

Esta monja de pelo cano y modales educados se ha convertido en los últimos años en la visitante más extravagante de los despachos de grandes corporaciones. Goldman Sachs, British Petroleum y Lockheed Martin, entre otros, se han visto obligados a escuchar sus suaves pero implacables reproches, tal y como refleja el artículo de The New York Times y que recoge El Confidencial.

La iniciativa de las franciscanas se trata de una práctica que nació en Estados Unidos a mediados de los años ochenta y que últimamente también ha adquirido notoriedad en España por medio de SETEM, una organización que ha alzado la voz en juntas de accionistas de bancos y grandes empresas españolas para lanzar campañas como la llamada “BBVA sin armas”, que condena las inversiones del banco en armamento.

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