Tag Archives: Vida religiosa y cambios

Vida religiosa: bases para un nuevo comienzo

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Joan Chittister

Revista Con-spirando

La vida religiosa contemporánea se ha visto profundamente afectada por cuatro elementos comunes a todas las instituciones, como entidades sociológicas, en este momento de la historia. La cultura ha condicionado su forma; el feminismo ha centrado su discurso; la inserción en la sociedad ha difuminado su presencia; y la inculturación ha agudizado sus percepciones y ha diversificado sus expresiones. Como consecuencia, la vida religiosa ya no vive fuera del mundo real, como en el pasado, cuando respondía más a patrones medievales que a la teología contemporánea. Ahora, por el contrario, está tan inmersa en el presente que puede quedar oscurecida en la sociedad actual, a no ser que se transforme más en un estímulo que en una sombra.

La vida religiosa ha decaído en todos los momentos de cambio importantes de la historia: pero al mismo tiempo, también ha resurgido en cada uno de los dichos momentos. La dificultad estriba en elegir una de estas posibilidades en lugar de la otra. En épocas de cambio social significativo, algunas personas reaccionan aferrándose al pasado con más fuerza aún, y otras ignorándolo por completo. Nuestra época no ha sido diferente. Durante 25 años, las congregaciones religiosas han tenido que afrontar tanto rígidos conservadurismos como impetuosas revoluciones. Es importante recordar que esos cuatro elementos sociales ya mencionados –la cultura, el feminismo, la inserción y la inculturación– han sido durante mucho tiempo factores sociológicos que han condicionado la eficacia y la orientación de la vida religiosa. El problema consiste en saber qué dimensiones de cada una de estas cuestiones afectan a la vida religiosa, qué necesidades humanas satisfacen y qué aspectos conducen al declive de la vida religiosa, mientras otros contienen semillas de futuro.

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Sobre el tamaño de la VR: crecimiento y desarrollo

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Mercedes Navarro Puerto mc

De un tiempo a esta parte, vengo prestando atención a que en la compleja institución de instituciones que es la Vida Religiosa (o Vida Consagrada) existen dos grandes olas o movimientos que conviven contemporáneamente. La ola de quienes llevan un tiempo observando y reflexionando sobre los modos de este estilo de vida, más que sobre los qué (contenidos) y sobre la cantidad, y la ola de quienes todavía se aferran a los números, descuidando los modos o cualidad de nuestra forma de ser en el mundo y en la Iglesia. Es verdad que cualidad y cantidad no tienen por qué estar separadas, pero en algunos momentos vitales e históricos es necesario elegir dónde poner el énfasis y priorizar una sobre la otra. Para los que todavía nos observan con interés desde fuera de nuestro sistema (en Occidente el interés por la VR femenina es cada vez menor), el punto de partida de sus análisis y diagnósticos sobre nuestra decadencia suele ser el número, la cantidad de “vocaciones” y de “actividades apostólicas” (se supone que “propias”). La ideología de fondo, que conecta con nuestras preocupaciones más hondas, une número con contenido, número con interés o desinterés de otras mujeres, posibles candidatas. Parte, por tanto, de un elemento propio del actual capitalismo neoliberal y patriarcal que confunde y superpone crecimiento y desarrollo e intenta sustituir este por aquel. Para tal sistema, el desarrollo es una función numérica.

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Representaciones del futuro (nuestro): el poder de la imaginación y de la palabra (1ª parte)

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Mercedes Navarro Puerto mc

Jornada de Formación de la URC (Barcelona, 21 de abril de 2012)

 

  1. PREMISAS

Quiero apoyar mis palabras de esta jornada en una historia de la realidad, que, sin ser única, es sumamente significativa. Una amiga religiosa, cercana a los 70 años, que el año pasado celebró sus 50 años de profesión religiosa, ha pedido la exclaustración. Incluso sin contexto, es sumamente chocante. Cuando el contexto indica que esta religiosa sigue hablando de sí misma como tal y todos los problemas que alega son institucionales, cuando la veo tan lúcida y analítica como siempre y entiendo que su problema en la institución afecta a lo más importante de una persona y una religiosa, su dignidad, su libertad, su identidad como miembro de su propia congregación, y cuando me habla sin cesar de que no hay futuro alguien que, en un sentido, tiene el tiempo en su contra y a quien el futuro, egoístamente, no tendría que preocuparle más que como un presente extenso…, es que algo muy serio está ocurriendo.

Sobre esta base, confieso que me ha costado mucho pensar en el tema que quiero abordar aquí. Hubo días en que pensé en la falacia de hablar de futuro cuando asisto a este tipo de casos tan sangrantes. Me ha costado procesarlo y va a estar todo el tiempo en el trasfondo. Si es grave que las jóvenes y los jóvenes, tan escasos en nuestras instituciones, perciban poco o nulo futuro, mucho más lo es que esto mismo se lo planteen quienes están en la recta final de sus vidas y aman el estilo y la familia en la que la han vivido. Tengo la impresión de que la obsesión vocacional nos distrae trágicamente de los problemas y las posibilidades de nuestro presente. Personalmente no quiero permitir que el futuro sea una coartada para un presente difícil.

Lo dejo en el trasfondo, porque no voy tomar como punto de partida el análisis de la realidad para realizar un diagnóstico. De nada me sirve, por ejemplo, someter a examen la historia que he contado, pues los presupuestos de análisis falsearían los resultados. Para que se me entienda, es comparable a lo que pasa con el delirio: el delirio es un proceso mental que suele estar perfectamente montado y, en muchas ocasiones, con una lógica impecable. El problema no está en la lógica ni en la trama ni en su perfección, sino en la premisa. La premisa es el problema. El punto de partida, el punto de vista. Ahí reside la patología. Una vez que das por bueno el punto de partida estás perdido, pues no puedes romper la lógica. Para modificar esa lógica no hay más solución que cuestionar el punto de partida.

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¿Qué vida religiosa para ese nuevo mundo que emerge es posible?

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 María Pilar Wirtz Molezún, ODN

María José Torres Pérez, Ap. C. J.

En principio, aceptamos con gusto el desafío de afrontar juntas este tema. Nos parecía apasionante poder reflexionar y decir nuestra palabra en una búsqueda que tanto nos afecta y por lo que, de una u otra manera, estamos apostando la vida. Pero, a medida que nos fuimos poniendo en contacto con lo mucho y bueno que está ya dicho y escrito hoy sobre la vida religiosa, nos entró una sensación de desánimo y hasta de un cierto rechazo: ¿qué podemos decir que no esté ya sobradamente dicho?, ¿no estaremos contribuyendo a ese “consumismo” de ideas que va desgastando las palabras sin que de hecho nos animen a vivir algo nuevo?

Esta pequeña crisis nos llevó a centrar nuestra reflexión. En este momento histórico parece que, en conjunto, vamos encontrando una mayor claridad teórica sobre el horizonte hacia donde apunta la vida religiosa: ideas, desafíos, intuiciones, llamadas, propuestas. Lo que nos falta es el cómo ponernos a ello. Por eso nos proponemos hablar desde nuestra propia experiencia personal, desde lo que va siendo verdadero en cada una de nosotras, ir entrelazando visiones y dejar que nuestra propuesta vaya emergiendo en un sencillo compartir. Solamente así, pensamos, podremos aportar algo nuevo. Es decir, abrirnos a que algo se nos movilice por dentro y, desde ahí, colaborar a que todas y todos salgamos de aquí algo más esperanzados y animados, más decididos y decididas a poner manos en esta obra.

Por eso, iremos pasando por el corazón, es decir, por nuestra mente, sensibilidad y experiencia, ideas que van siendo ya un patrimonio común. Por el pensar, sentir y vivir de dos mujeres concretas: Pepa y Pilar, con historias y edades diferentes. Con un bagaje congregacional que nos ha ido marcando de modo diferente ‒Apostólicas del Corazón de Jesús y Compañía de María‒ y una situación vital actual que nos pone en contacto con realidades muy diversas.

Pepa vive en Lavapiés, con Teresa y Estrella, una comunidad intercongregacional inserta en un barrio del casco antiguo de Madrid. Un lugar donde se da cita lo diferente: inmigración de todos los países, movimientos alternativos, okupas, grupos de las más variadas tendencias, juventud que lucha por la supervivencia y por conservar su identidad en un mundo diferente… Un lugar en el que lo nuevo y lo distinto emerge con fuerza y busca su lugar en la sociedad.

Pilar vive en una comunidad de la Compañía de María, con Carmen, María y Lucía en un lugar perdido del mundo rural gallego, compartiendo su vida con los vecinos y vecinas de una aldea llamada Bazar. Una realidad tradicional y envejecida, en la que se dan costumbres antiguas en medio de valores “nuevos”, es decir, profundamente humanos. Un lugar en donde se aprende, día a día, a permanecer y resistir con dignidad ante un futuro amenazado por la exclusión del desarrollo capitalista.

Y así, en un diálogo verdadero, en un clima de acogida, confianza y libertad, entre la sintonía y la diferencia, con subidas y bajadas de ánimo y ayudadas por las nuevas tecnologías, es como fue naciendo esta sencilla aportación. Pensamos que este modo de proceder: dejando que lo nuevo surja desde lo más verdadero de cada una y que se vaya recreando en la escucha, el diálogo, el compartir vivencial, el debate de ideas, forma ya parte de nuestra visión del tema.

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Mentalidad clerical y religiosas

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Gracia Burgos

Cuando se cambia de estación, sobre todo en los cambios más importantes como los de invierno/verano, estación seca/estación de lluvias, las mujeres solemos hacer limpieza en nuestras casas. Esto ocurre también en los monasterios, conventos y comunidades religiosas. En este ritual se cumplen muchas funciones, pero una de ellas se cuela subrepticiamente hasta que se pone en marcha. Me refiero, lógicamente, a los cambios. Hay algunos suaves, apenas perceptibles, y otros arriesgados y valientes.

En la sociedad dicho ritual se produce en los momentos de cambio o de cruce de épocas, mientras se sale de una y se entra en la siguiente. Las instituciones también lo experimentan, a pesar de las resistencias que ofrecen. Pues bien, en este momento le toca a la institución eclesiástica y eclesial. Estamos en pleno cambio de “estación”. Como en todos los cambios, hay cosas que “no se tocan” y otras que “se dejan para más adelante”. Hay cosas, también, cuyo cambio ni pasa por la imaginación. Una de estas cosas que “no se tocan” es el clero. Es posible que se toque el celibato obligatorio (que ya era hora), pero no parece que le llegue la hora al clero. El celibato obligatorio, además, es para los clérigos diocesanos, no para los clérigos religiosos, para quienes el celibato forma parte del estilo de vida que llamamos Vida Religiosa o Vida Consagrada.

Es buen momento para desclericalizar, como quien deshollina una chimenea o un conducto de aire. Un momento buenísimo. Los asuntos de las mujeres en esta época, una época que puede durar bastante, no parece que se vayan a tocar, de modo que seguiremos trabajando en ellos mediante las vías indirectas. Las religiosas, a diferencia de los religiosos, siempre fuimos laicas, pues la institución eclesiástica no contempla en su estructura más que dos grandes categorías: clero y laicado. En cada gran grupo existen sus grados y diferencias, pero, a la postre, siempre quedan definidas estas dos grandes categorías, que no se mezclan entre sí.

Puesto que las religiosas nunca fuimos clero ni del clero, es hora de que revisemos esas adherencias clericales que nos han acompañado durante siglos confundiéndonos y confundiendo al resto de la comunidad cristiana. Podemos intentar desclericalizarnos, que no es cosa fácil. Comencemos por observar esas adherencias para ir limpiándolas de nuestras instituciones. Descubrirlas y limpiarlas. Nos quedaremos laicas mondas y lirondas. Pero no nos engañemos, pues esta es una tarea difícil y complicada. No hablamos de una limpieza superficial, sino honda, hacia dentro de nosotras mismas, de cada una.

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