Por Ivone Gebara

(Desveladas agradece sinceramente a la autora y a la revista la autorización para publicar este artículo, aparecido en Alternativas: revista de análisis y reflexión teológica, n. 46 (2013), p. 131-156)

AlternativasEl papa Francisco en pocos meses de pontificado ha sido, no solamente un fenómeno mediático sino una especie de catalizador de muchas esperanzas, tal vez hasta demasiadas. En general, podemos percibir también una construcción muy positiva de su imagen. Podemos leer en muchos periódicos y en varios artículos publicados, expresiones que confirman un entusiasmo contagioso. “La esperanza renace en la Iglesia”; “Francisco el papa de los pobres”; “La revolución de Francisco en la Iglesia”; “Francisco el papa de la globalización”, expresiones que indican una expectativa positiva en relación a su pontificado. La mayor parte de los teólogos de América Latina, y creo que de otros continentes, parecen entusiasmados con él y no dudan de hacer previsiones sobre cambios radicales que podrían acontecer. Basta seguir sus envestidas en relación al Banco Vaticano, sus denuncias en relación al lucro y la política de intereses, la reforma de la Curia, para percibir que  algo  nuevo se  está delineando. Cada día es un nuevo día, igual si mantenemos nuestros antiguos hábitos y las sorpresas pueden sorprendernos o decepcionarnos.

Mientras, el buen sentido nos enseña que no podemos esperar que en pocos meses de pontificado, el papa Francisco pro-ponga todas las reformas que diferentes grupos, representando los más diversos intereses, están esperando. La vida de la Iglesia católica romana confirma la complejidad de todas las instituciones religiosas en este siglo y expresa las diferentes cuestiones políticas y económicas en torno a las religiones institucionales. En relación al papa, la diversidad de expectativas se mezcla con insatisfacciones de muchos órdenes, envolviendo prioridades objetivas y subjetivas, expresadas por los diferentes grupos. Todo ello es parte del momento mundial en que vivimos, en el que las manifestaciones y las reivindicaciones de muchos tipos se multiplican diariamente.

En este contexto, el papa podrá hacer algunas cosas, pero no todas las necesarias para el tiempo de ahora y ni todas las cosas que cada grupo espera de él. Además, hasta para establecer aquello que llamamos necesario, estamos inmersos en un mar de deseos y opiniones de lo más variado. En general, lo que parece bueno para la Iglesia como comunidad de creyentes, y lo que es bueno para mí y mi grupo, no siempre se encuentra en la misma línea.

Es en medio de esa compleja situación, en la que voces disonantes se hacen oír, es donde las reivindicaciones de las mujeres también se sitúan. Hablar de mujeres no es hablar genérica-mente de las representantes del segundo sexo, sino de grupos específicos de mujeres que asumieron como una de las misiones de su vida, reinterpretar y vivir la herencia cristiana a partir de nuevas referencias. Tal actitud se intensificó a partir del siglo XX con la percepción más aguda de la complicidad de las religiones en los procesos de dominación y exclusión de las mujeres.

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