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Sobre el tamaño de la VR: crecimiento y desarrollo

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Mercedes Navarro Puerto mc

De un tiempo a esta parte, vengo prestando atención a que en la compleja institución de instituciones que es la Vida Religiosa (o Vida Consagrada) existen dos grandes olas o movimientos que conviven contemporáneamente. La ola de quienes llevan un tiempo observando y reflexionando sobre los modos de este estilo de vida, más que sobre los qué (contenidos) y sobre la cantidad, y la ola de quienes todavía se aferran a los números, descuidando los modos o cualidad de nuestra forma de ser en el mundo y en la Iglesia. Es verdad que cualidad y cantidad no tienen por qué estar separadas, pero en algunos momentos vitales e históricos es necesario elegir dónde poner el énfasis y priorizar una sobre la otra. Para los que todavía nos observan con interés desde fuera de nuestro sistema (en Occidente el interés por la VR femenina es cada vez menor), el punto de partida de sus análisis y diagnósticos sobre nuestra decadencia suele ser el número, la cantidad de “vocaciones” y de “actividades apostólicas” (se supone que “propias”). La ideología de fondo, que conecta con nuestras preocupaciones más hondas, une número con contenido, número con interés o desinterés de otras mujeres, posibles candidatas. Parte, por tanto, de un elemento propio del actual capitalismo neoliberal y patriarcal que confunde y superpone crecimiento y desarrollo e intenta sustituir este por aquel. Para tal sistema, el desarrollo es una función numérica.

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Representaciones del futuro (nuestro): el poder de la imaginación y de la palabra (1ª parte)

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Mercedes Navarro Puerto mc

Jornada de Formación de la URC (Barcelona, 21 de abril de 2012)

 

  1. PREMISAS

Quiero apoyar mis palabras de esta jornada en una historia de la realidad, que, sin ser única, es sumamente significativa. Una amiga religiosa, cercana a los 70 años, que el año pasado celebró sus 50 años de profesión religiosa, ha pedido la exclaustración. Incluso sin contexto, es sumamente chocante. Cuando el contexto indica que esta religiosa sigue hablando de sí misma como tal y todos los problemas que alega son institucionales, cuando la veo tan lúcida y analítica como siempre y entiendo que su problema en la institución afecta a lo más importante de una persona y una religiosa, su dignidad, su libertad, su identidad como miembro de su propia congregación, y cuando me habla sin cesar de que no hay futuro alguien que, en un sentido, tiene el tiempo en su contra y a quien el futuro, egoístamente, no tendría que preocuparle más que como un presente extenso…, es que algo muy serio está ocurriendo.

Sobre esta base, confieso que me ha costado mucho pensar en el tema que quiero abordar aquí. Hubo días en que pensé en la falacia de hablar de futuro cuando asisto a este tipo de casos tan sangrantes. Me ha costado procesarlo y va a estar todo el tiempo en el trasfondo. Si es grave que las jóvenes y los jóvenes, tan escasos en nuestras instituciones, perciban poco o nulo futuro, mucho más lo es que esto mismo se lo planteen quienes están en la recta final de sus vidas y aman el estilo y la familia en la que la han vivido. Tengo la impresión de que la obsesión vocacional nos distrae trágicamente de los problemas y las posibilidades de nuestro presente. Personalmente no quiero permitir que el futuro sea una coartada para un presente difícil.

Lo dejo en el trasfondo, porque no voy tomar como punto de partida el análisis de la realidad para realizar un diagnóstico. De nada me sirve, por ejemplo, someter a examen la historia que he contado, pues los presupuestos de análisis falsearían los resultados. Para que se me entienda, es comparable a lo que pasa con el delirio: el delirio es un proceso mental que suele estar perfectamente montado y, en muchas ocasiones, con una lógica impecable. El problema no está en la lógica ni en la trama ni en su perfección, sino en la premisa. La premisa es el problema. El punto de partida, el punto de vista. Ahí reside la patología. Una vez que das por bueno el punto de partida estás perdido, pues no puedes romper la lógica. Para modificar esa lógica no hay más solución que cuestionar el punto de partida.

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La fidelidad en el tiempo: notas teológicas sobre el uso del concepto en la Vida Religiosa de las mujeres

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Mercedes Navarro Puerto

 

fidelidad_libro(NAVARRO PUERTO, Mercedes. La fidelidad en el tiempo: notas teológicas sobre el uso del concepto en la vida religiosa de las mujeres. Buenos Aires: Editorial Claretiana, 2015)

 

Capítulo 1: Fidelidad en contexto[1]

 

El pasado 7 de septiembre se cumplían 45 años de mi ingreso en la congregación de la que formo parte. Todos los años miro atrás en el tiempo intentando verme en el transcur­so de mi propia historia. En esta ocasión, mi percepción de la temporalidad fue más aguda, y esa pregunta que me asalta a tiempo y a destiempo, de cuando en cuando, comenzó a reso­nar en mí de otra manera: “¿por qué sigo aquí?”. En aquellos momentos apenas me detuve a considerarla, pero al poco volvió la pregunta de manera insistente. Hasta ese momento no recuerdo que entrañara ninguna referencia consciente al valor de la fidelidad. “¿Por qué sigo aquí?” tenía que ver con la pura y simple constatación de seguir, con la perseverancia y la permanencia temporales, con situaciones y con momentos vividos.

Un día, no hace mucho, leí en un pequeño libro de filoso­fía que “la fidelidad introduce la eternidad en el tiempo”. Y, como por arte de magia, muchas cosas que no parecían tener relación entre sí comenzaron a juntarse, desordenadamente te primero, y con un cierto sentido, después. Permanencia, perseverancia y fidelidad aparecían juntas en mi mente, sin por ello confundirse ni intercambiarse. La palabra “fidelidad” apenas ha formado parte de mi vocabulario habitual ni de mi temática teológica ni de mis intereses específicos. Es más, reconozco en ella un regusto a desgastado y viejo, a palabra “talismán”, que no la ha hecho atractiva para mi pensamien­to. Me he sentido más cercana y atraída hacia el campo se­mántico del cambio, sin establecer vínculos (conscientemen­te, al menos) con la fidelidad.

Eso, hasta ahora. De pronto, el concepto, la palabra, el valor han reclamado mi atención como parte de esa frase que la vinculaba al tiempo, la frase que actuó como detonante de mi actividad mental. Luego, conforme he ido pensando y escribiendo, el tema ha ido cobrando más y más importancia y se ha ido abriendo, progresivamente, a relaciones que en principio no había contemplado. Partiendo de mi propia expe­riencia, concreta y puntual, este tema se ha ido desbordando y se ha salido de madre, es decir, se ha ido desarrollando dentro y fuera, a la vez, del marco de la Vida Religiosa de las mujeres. Pero en mi reflexión iré paso a paso. En lo que sigue, el tema irá entrando y saliendo continuamente del contexto de la Vida Religiosa (en adelante VR). Algunos aspectos pue­den ser extrapolables a otros ámbitos y, de hecho, muchos lo son. Otros son propios de este estilo de vida, pero participan de todo cuanto es y parece en este mundo determinado del que forma parte. ­

 

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[1] Desveladas reproduce el capítulo 1 de La fidelidad en el tiempo con permiso de la autora y de la editorial.

Para más información sobre la obra y cómo adquirirla:

http://claretiana.org/internacional/producto/la-fidelidad-en-el-tiempo/

 

El cuerpo en “Las Moradas” de santa Teresa

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Mercedes Navarro Puerto

Hace muchos años escribí mi tesis doctoral de psicología sobre el itinerario del yo alma en Las Moradas de santa Teresa. En ella, entre otras dimensiones, estudié la del cuerpo. Sin embargo, cuando después de más de dos décadas he vuelto a aquel texto en la perspectiva corporal, me ha sorprendido darme cuenta de la complejidad de su sentido. El texto de Teresa es el mismo, pero yo no soy la misma, ni tampoco es idéntica la perspectiva desde la que leo hoy Las Moradas. Por eso, solo me aventuro a ofrecer una aproximación global, diferente a la minuciosa y detallada que hice en mi tesis. Por otro lado, la perspectiva de aquel trabajo era psicológica y, como es lógico, lo era también la metodología empleada. Mis pretensiones en este pequeño texto son bastante más modestas y mi perspectiva es distinta, aunque no excluya la mirada psicológica en algún momento concreto. Pretendo ofrecer y compartir mis observaciones y reflexiones sobre lo que descubro sobre el cuerpo en mi lectura actual de esta obra de Teresa.

En este momento, me doy cuenta de que hablar del cuerpo en el texto de Las Moradas de Teresa de Ávila requiere tomar una decisión sobre el significado del término. Puede parecer fácil, pues da la impresión de que todo el mundo sabe qué quiere decir cuerpo, pero no es sencillo. Todos sabemos que su significado tiene muchas dimensiones. Por citar algunas, “cuerpo” se entiende de un modo diferente en la dimensión del tiempo, según la época, en la dimensión sociocultural, según el contexto, según la cultura, y en la dimensión personal, según cada experiencia biográfica.

Aquí no me voy a ocupar del cuerpo en Teresa, aunque es lógico que en mi aproximación se perciba su personalísima huella. No trataré del cuerpo en Teresa, así como aparece en su biografía ni en el resto de sus obras, pero haré referencia a él, brevemente, en las notas contextuales. Pretendo centrarme en los significados que descubro en el texto de Las Moradas, como ha quedado en sus páginas, consciente de que me sitúo ante un texto escrito hace quinientos años. Lógicamente tengo en cuenta que en el texto queda proyectada mucha de la experiencia corporal de la autora, unas veces expresamente, y la mayoría, de forma inconsciente e implícita.

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Entre dos luces: la “hora mágica” de la vida religiosa de las mujeres

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Mercedes Navarro Puerto mc

Muchos la denominan la hora mágica. Es un momento breve y único del atardecer, que funde en el horizonte los tonos cromáticos del día que termina y la noche por venir. La luz es suficiente e insuficiente a la par. Es un momento de transición, de inquieta belleza y engañosa serenidad. La hora mágica participa del espíritu de la vigilia del sábado santo cristiano, situado entre la noche y el día, las tinieblas y la luz, el silencio y el canto, la pérdida de la muerte y la esperanza de la vida nueva; donde los creyentes nos sentimos tentados por el sueño de la inconsciencia y el miedo, e invitados a permanecer despiertos y atisbar las primeras luces del alba. La hora mágica del crepúsculo y la vigilia pascual del sábado santo, con su fuerza evocadora, su poesía y simbolismo, nos brindan un lenguaje capaz de expresar la rica y plural experiencia que caracteriza este momento único que vivimos las religiosas.

Venimos de un largo pasado dentro de la Iglesia que conecta, en sus orígenes, con la frescura de la llamada de Jesús a sus discípulos a seguirle. Nacidos y enraizados, unas veces mejor y otras peor, en el seno de las diferentes culturas y épocas, las religiosas y los religiosos hemos sido unas veces más numerosos y otras menos; en algunos momentos hemos estado cerca de la vida y los intereses de nuestros hermanos y hermanas y, en otros, hemos vivido al margen creando una cultura propia alejada de la realidad y ajena a la vida del pueblo. Hemos sido voces valientes y proféticas en la iglesia, germen y estímulo de renovación eclesial y social, tanto como opresores y cómplices de políticas, doctrinas y sistemas intrínsecamente dañinos para los seres humanos. Con frecuencia nos hemos creído seres superiores y más perfectos, rompiendo así la comunidad de iguales querida por Jesús; rompiendo la igualdad fundamental de las diferentes formas de vida cristiana e incluso del resto de los seres humanos. A pesar de que la VR ha sido y es numérica y proporcionalmente femenina y laica (¿es laica la vida religiosa?), nos hemos caracterizado por un clericalismo sectario, clasista y sexista.

Nuestro presente no es menos ambiguo que nuestro pasado. Junto a las mártires, y misioneras, mujeres comprometidas a favor de los más pobres y necesitados, que se arriesgan por la causa del Reino o Proyecto de Dios, muchas de nosotras andamos perdidas. Al lado de unas formas de VR en tensión, en actitud perenne de búsqueda y a la escucha de la Palabra de Dios, que unas veces grita claramente y las más apenas susurra, encontramos entre nosotras otras formas de VR apagadas, desmotivadas y que, en definitiva, han perdido su norte. Pero es en este presente contradictorio en el que encontramos también los gérmenes de nuevas formas de VR que queremos desarrollar y que desearíamos que se dieran a la luz ya, de inmediato, y mucho más abiertamente.

La hora mágica y la pascua cristiana, entre dos luces, efectivamente, es una metáfora adecuada para comprender lo que hemos vivido como nuestro pasado y lo que deseamos que constituya nuestro futuro. Porque una cosa es cierta: ahora mismo, en la línea del horizonte, no es menos real el legado del pasado remoto e inmediato, el rescoldo de la luz que se extingue, que los anhelos y gérmenes de la que podría ser una fuente de luz nueva que ya comenzado. Vivimos un presente de frontera, desgarrado, apasionante y lúcido.

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