María Jesús Albarrán Martínez

De los elementos que distinguieron a aquellos que decidían consagrar su vida al ascetismo frente al resto de la población, la vestimenta fue una particularidad destacable. Los estudios sobre el hábito monástico masculino han aportado conocimiento sobre la manera en que vestían los monjes, tanto los que habitaban en el desierto como los que se encontraban en comunidades cenobíticas.

El hábito que portaban las mujeres ascetas ha sido mucho menos estudiado, alegándose una falta de documentación sobre el tema. Sin embargo existen testimonios literarios, legislativos, papiráceos o iconográficos que arrojan luz sobre este tema.

Durante los primeros tres siglos de nuestra era el cristianismo trato de asentar las bases de su doctrina y presuponer los dictámenes por los que debían regirse todos aquellos que la practicasen. Los primeros teólogos y autores de tratados cristianos fueron fijando las normas sobre la forma de vida y la apariencia física que debían llevar y tener las vírgenes consagradas a la Iglesia, entre las que se encontraba la vestimenta.

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