Sandra M. Schneiders

Es un hecho que la sociedad (Iglesia incluida) ha sido dominada por los varones. ¿Se debe aceptar fatalistamente como voluntad de Dios, este hecho? ¿No nos invita más bien el Dios de la revelación judeo-cristiana a liberarnos de las trabas del sexismo y de cualquier otra forma de opresión humana? En este artículo, la autora investiga los efectos de la dominación del varón sobre la espiritualidad de las mujeres. Estudia cómo su experiencia de marginación y de subordinación ha afectado a su «ministerio» eclesial y a su autocomprensión religiosa. ¿No puede ser toda esta experiencia de opresión y de muerte de las mujeres, semilla de nueva vida liberada, verdaderamente humana, para todos?

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