Los votos en la nueva eclesiología de la comunión

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Mercedes Navarro Puerto

Una reflexión teológica sobre los votos en la nueva eclesiología de comunión requiere, antes que nada, revisar el supuesto. Una primera razón es que posiblemente no todas/os entendemos lo mismo cuando hablamos de eclesiología y de comunión y conviene explicitarlo. Y, otra, más importante, es la necesidad de preguntar a la vida para que la teología pueda iluminar nuestra fe. De ella, de la vida, por lo tanto, quiero partir.

No entiendo la eclesiología de comunión en oposición a la eclesiología del Pueblo de Dios. Tampoco como una enmienda a los peligros que, presumiblemente, se derivan de ésta. La eclesiología de comunión es la eclesiología del Pueblo de Dios. Pero hay distintas maneras de entender la comunión mirando a los centros sobre los que gira y se acomuna la iglesia. La eclesiología de comunión no tiene por qué rotar necesariamente sobre el gozne jerárquico, de modo que, de oponerse, habría de hacerlo al modelo vertical. Entiendo la eclesiología de comunión como un modelo de iglesia católica, universal por tanto, más horizontal y circular que vertical, a la luz de Mc 3,31-35. Este texto expresa principios de eclesiología de la comunidad a la que se dirige el evangelista inspirados directamente en el modelo propuesto por Jesús[1].

La vida de la iglesia en los últimos años adolece de serios problemas con respecto a la comunión, por eso deseo descubrir a los demonios que la disfrazan de otras cosas; que bajo su nombre introduce una práctica ajena a la comunión evangélica, que es la que suponemos que debe impregnar esta nueva eclesiología. El primer y más terrible demonio es el miedo. Con él se desatan otros dos, el control sobre la libertad y la imposición por la fuerza. Los tres suelen ir juntos, pues se escudan y se refuerzan mutuamente. Al disfraz del miedo, el control y la imposición lo llamamos frecuentemente comunión, de modo que bajo esta palabra se enmascaran otras realidades. No debemos dejarnos engañar, pues detecto demasiados signos en la institución eclesial que evocan a las dictaduras civiles como para aceptar tranquilamente que estamos en una eclesiología de comunión, aunque numerosos discursos lo formulen de este modo. Y es evidente que nadie que se encuentre presionado por un régimen dictatorial puede afirmar que en su institución se vive la comunión. Porque no es posible mantener el espíritu de comunión en una estructura que la ahoga permanentemente.

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La pregunta perenne sobre D*s: el enigma de su Ser y de su Estar

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Magdalena de Bingen

He escuchado y leído diferentes testimonios acerca de D*s. He percibido algunos elementos contextuales del ayer, del hoy, de los espacios geográficos, de los distintos itinerarios biográficos, de las categorías sociales y culturales que marcan etapas y experiencias, que se asoman con sigilo o con descaro al vocabulario… La muestra es pequeña, pero suficiente y significativa para continuar arriesgando este discurso que, por más que quiera tener otros en cuenta, es, al fin, un discurso mío, discurso propio y, tal vez en algunos sentidos, discurso apropiado.

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Dios en mi búsqueda de libertad

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Ivone Gebara

¿Por qué hablar de Dios dentro de mi búsqueda de libertad? ¿Por qué poner a Dios y a la libertad en correlación? La respuesta podría ser, porque aprendí de la tradición religiosa cristiana que Dios nos llama a la libertad, que Dios nos quiere libres. Eso está bien, pero pienso ir más lejos y profundizar en mis sentimientos y en algunas imágenes que me han habitado, en relación con Dios.

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El fundamento de la Vida Religiosa: La pregunta por D*s.

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Magdalena de Bingen

La teología (que es teoría y no doctrina) suele hacer uso de la categoría de la paradoja. Sin ella, como le ocurre a otras teorías, limitaría mucho sus posibilidades. Es más: sin la paradoja, caería en un lamentable reduccionismo. La teología, que, además, se asienta en la fe del sujeto que la hace, no comparte cierta concepción de neutralidad, más propia de otras teorías. Su punto de partida, por lo tanto, es la experiencia de fe en una comunidad de fe, que supone un contexto histórico y socio-político determinado y unas determinadas creencias y representaciones que la misma teología ha de revisar continuamente. La teología que utiliza la paradoja para referirse a la Divinidad, además, es, en esta reflexión, abierta y explícitamente, una teología feminista.

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Algunas reflexiones metodológicas sobre la Teología, y en particular, sobre la Teología de la Vida Religiosa.

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Magdalena de Bingen

El punto de partida es la observación de lo que sucede entre una realidad y la reflexión sobre la misma. Concretamente, la observación de la evolución en la relación entre realidad y reflexión teológica que ha tenido lugar a lo largo de los últimos 40 años. No deseo simplificar lo complejo. Es necesario, sin embargo, centrar la reflexión, con cierta simplicidad, en algunos hechos llamativos. Cuando la Vida Religiosa apostólica se encontraba en momentos de vida, es decir, de cambio, esa misma vida pedía una reflexión. Eran los tiempos del Vaticano II o, mejor, del postconcilio. Los tiempos en los que se crearon categorías y se cambiaron las ya existentes, que no podían dar cuenta de la abundancia de vida que brotaba por todas partes. La teología, en general, se encontraba en fase de recreación, impulsada en buena medida por los estudios bíblicos y las corrientes hermenéuticas del momento. Fueron tiempos de abundancia y fértil fecundidad.

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