El cuerpo en “Las Moradas” de santa Teresa

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Mercedes Navarro Puerto

Hace muchos años escribí mi tesis doctoral de psicología sobre el itinerario del yo alma en Las Moradas de santa Teresa. En ella, entre otras dimensiones, estudié la del cuerpo. Sin embargo, cuando después de más de dos décadas he vuelto a aquel texto en la perspectiva corporal, me ha sorprendido darme cuenta de la complejidad de su sentido. El texto de Teresa es el mismo, pero yo no soy la misma, ni tampoco es idéntica la perspectiva desde la que leo hoy Las Moradas. Por eso, solo me aventuro a ofrecer una aproximación global, diferente a la minuciosa y detallada que hice en mi tesis. Por otro lado, la perspectiva de aquel trabajo era psicológica y, como es lógico, lo era también la metodología empleada. Mis pretensiones en este pequeño texto son bastante más modestas y mi perspectiva es distinta, aunque no excluya la mirada psicológica en algún momento concreto. Pretendo ofrecer y compartir mis observaciones y reflexiones sobre lo que descubro sobre el cuerpo en mi lectura actual de esta obra de Teresa.

En este momento, me doy cuenta de que hablar del cuerpo en el texto de Las Moradas de Teresa de Ávila requiere tomar una decisión sobre el significado del término. Puede parecer fácil, pues da la impresión de que todo el mundo sabe qué quiere decir cuerpo, pero no es sencillo. Todos sabemos que su significado tiene muchas dimensiones. Por citar algunas, “cuerpo” se entiende de un modo diferente en la dimensión del tiempo, según la época, en la dimensión sociocultural, según el contexto, según la cultura, y en la dimensión personal, según cada experiencia biográfica.

Aquí no me voy a ocupar del cuerpo en Teresa, aunque es lógico que en mi aproximación se perciba su personalísima huella. No trataré del cuerpo en Teresa, así como aparece en su biografía ni en el resto de sus obras, pero haré referencia a él, brevemente, en las notas contextuales. Pretendo centrarme en los significados que descubro en el texto de Las Moradas, como ha quedado en sus páginas, consciente de que me sitúo ante un texto escrito hace quinientos años. Lógicamente tengo en cuenta que en el texto queda proyectada mucha de la experiencia corporal de la autora, unas veces expresamente, y la mayoría, de forma inconsciente e implícita.

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La función social y urbana del monacato femenino novohispano

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Rosalva Loreto López

 

La existencia de establecimientos monásticos fue tan importante en las ciudades del mundo hispanoamericano que su presencia o ausencia fue un indicador de su esplendor económico y cultural. Su categoría como tal se determinaba a partir de la existencia de una, dos o tres órdenes de predicadores menores, carmelitas o agustinos. El establecimiento de conventos femeninos fue promovido, avalado y auspiciado, en momentos decisivos, por representantes de las órdenes franciscana, dominica, carmelita y agustina. Ellas aportaron elementos de la organización general, jerárquica, espacial y económica que se implantaron y reprodujeron en América. Resulta de particular importancia resaltar las características de la espiritualidad que movió a los mendicantes en Europa para entender a la evangelización como proyecto de colonización, impulsada precisamente por la tradición de la repoblación y reconquista, asociándose este proceso con la expansión gradual de establecimientos mendicantes. Esta política urbanizadora provino pues del campo estrictamente monástico; frailes y monjas formaban un todo con la estructura interior de las ciudades en mutua interacción.

En el Nuevo Mundo, con la llegada de la población peninsular hacia mediados del siglo xvi y con su crecimiento a lo largo del siglo xvii, el grupo dominante se enfrentó a la necesidad de crear instancias en las que se resguardase la castidad y pureza femenina de sus descendientes. Los conventos surgieron de la necesidad de albergar y educar a españolas y criollas que por vocación, orfandad o pobreza no podían o no habían contraído matrimonio. Desde este punto de partida puede enfocarse, al menos bajo seis grandes temas, el estudio de los espacios de reclusión femenina. Todos aspectos diversos que no son sino prolongaciones radiales de una misma problemática.

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¿Qué vida religiosa para ese nuevo mundo que emerge es posible?

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 María Pilar Wirtz Molezún, ODN

María José Torres Pérez, Ap. C. J.

En principio, aceptamos con gusto el desafío de afrontar juntas este tema. Nos parecía apasionante poder reflexionar y decir nuestra palabra en una búsqueda que tanto nos afecta y por lo que, de una u otra manera, estamos apostando la vida. Pero, a medida que nos fuimos poniendo en contacto con lo mucho y bueno que está ya dicho y escrito hoy sobre la vida religiosa, nos entró una sensación de desánimo y hasta de un cierto rechazo: ¿qué podemos decir que no esté ya sobradamente dicho?, ¿no estaremos contribuyendo a ese “consumismo” de ideas que va desgastando las palabras sin que de hecho nos animen a vivir algo nuevo?

Esta pequeña crisis nos llevó a centrar nuestra reflexión. En este momento histórico parece que, en conjunto, vamos encontrando una mayor claridad teórica sobre el horizonte hacia donde apunta la vida religiosa: ideas, desafíos, intuiciones, llamadas, propuestas. Lo que nos falta es el cómo ponernos a ello. Por eso nos proponemos hablar desde nuestra propia experiencia personal, desde lo que va siendo verdadero en cada una de nosotras, ir entrelazando visiones y dejar que nuestra propuesta vaya emergiendo en un sencillo compartir. Solamente así, pensamos, podremos aportar algo nuevo. Es decir, abrirnos a que algo se nos movilice por dentro y, desde ahí, colaborar a que todas y todos salgamos de aquí algo más esperanzados y animados, más decididos y decididas a poner manos en esta obra.

Por eso, iremos pasando por el corazón, es decir, por nuestra mente, sensibilidad y experiencia, ideas que van siendo ya un patrimonio común. Por el pensar, sentir y vivir de dos mujeres concretas: Pepa y Pilar, con historias y edades diferentes. Con un bagaje congregacional que nos ha ido marcando de modo diferente ‒Apostólicas del Corazón de Jesús y Compañía de María‒ y una situación vital actual que nos pone en contacto con realidades muy diversas.

Pepa vive en Lavapiés, con Teresa y Estrella, una comunidad intercongregacional inserta en un barrio del casco antiguo de Madrid. Un lugar donde se da cita lo diferente: inmigración de todos los países, movimientos alternativos, okupas, grupos de las más variadas tendencias, juventud que lucha por la supervivencia y por conservar su identidad en un mundo diferente… Un lugar en el que lo nuevo y lo distinto emerge con fuerza y busca su lugar en la sociedad.

Pilar vive en una comunidad de la Compañía de María, con Carmen, María y Lucía en un lugar perdido del mundo rural gallego, compartiendo su vida con los vecinos y vecinas de una aldea llamada Bazar. Una realidad tradicional y envejecida, en la que se dan costumbres antiguas en medio de valores “nuevos”, es decir, profundamente humanos. Un lugar en donde se aprende, día a día, a permanecer y resistir con dignidad ante un futuro amenazado por la exclusión del desarrollo capitalista.

Y así, en un diálogo verdadero, en un clima de acogida, confianza y libertad, entre la sintonía y la diferencia, con subidas y bajadas de ánimo y ayudadas por las nuevas tecnologías, es como fue naciendo esta sencilla aportación. Pensamos que este modo de proceder: dejando que lo nuevo surja desde lo más verdadero de cada una y que se vaya recreando en la escucha, el diálogo, el compartir vivencial, el debate de ideas, forma ya parte de nuestra visión del tema.

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Escuchar con el oído de nuestro corazón los signos de los tiempos

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Hna. Mary John Mananzan, OSB

CIB Symposium, Roma 2014

 

Hemos reflexionado sobre la escucha con el oído de nuestro corazón a la Palabra de Dios en la Escritura y en la Regla de nuestro padre san Benito. Hoy pondremos el foco de nuestra atención en la voz de Dios que habla en los signos de los tiempos, en las personas y en la naturaleza. Propongo que reflexionemos sobre lo siguiente.

Primera parte: Dios habla en los signos de los tiempos, en las personas y en la naturaleza

En nuestros tiempos hay muchas tendencias, pero voy a elegir solo las que creo que tienen un gran impacto en nuestras vidas como religiosas.

  1. GLOBALIZACIÓN

Esta palabra puede tener muchos significados. En sentido positivo, puede significar solidaridad internacional, ciudadanía mundial, etc. Sin embargo, en su sentido original y económico, globalización significa la integración de las economías del mundo entero en la economía de mercado capitalista liberal que está controlada por el Grupo de los Ocho (G-8). Sus principales características son:

  1. Economía sin fronteras. Aboga por la eliminación de tarifas protectoras y da juego al libre mercado.
  2. Liberalización de las importaciones. Es el corolario de la economía sin fronteras. Se trata de que puedan entrar en el país, sin ninguna limitación, bienes de todos los demás países. Esto puede inducir a los consumidores a pensar que se trata de algo bueno, porque implica mucha variedad y la competencia puede bajar los precios. Pero también puede acabar con las industrias locales y, cuando estas cierran, la gente tiene que depender de otros países para sus necesidades básicas, lo que realmente no garantiza, por ejemplo, la seguridad alimentaria. No se trata, pues, de consumo sostenible.
  3. Juego libre de mercado. Aboga por la disminución del control del Estado y hace de las fuerzas del mercado los principales criterios de actuación. Así, el beneficio y la demanda del mercado se convierten en los supremos valores. Todo se sacrifica a esto: consumidores, trabajo, etc. Y se eliminan los intereses éticos y sociales.
  4. Privatización. Todas las empresas productivas se ponen en manos privadas y, preferentemente, extranjeras, lo que afianza eficazmente el control extranjero de las economías en desarrollo. También los servicios básicos como la energía, etc. se ponen en manos privadas, que no tienen más motivación que el beneficio, y, por lo tanto, se retiran las subvenciones y se disparan los precios de los servicios básicos.
  5. Capitalismo financiero. No es capitalismo de producción, sino más bien de especulación financiera. De manera que incluso la producción (fabricación) no tiene como fin cubrir necesidades, sino la especulación. Alrededor de un trillón de dólares dan la vuelta al mundo cada día en el comercio financiero.

A pesar de las promesas de desarrollo y bienestar mundial, la globalización no solo ha aumentado la brecha entre ricos y pobres, sino que actualmente ha causado una crisis financiera global y ha contribuido gravemente a la destrucción del medio ambiente.

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Entre dos luces: la “hora mágica” de la vida religiosa de las mujeres

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Mercedes Navarro Puerto mc

Muchos la denominan la hora mágica. Es un momento breve y único del atardecer, que funde en el horizonte los tonos cromáticos del día que termina y la noche por venir. La luz es suficiente e insuficiente a la par. Es un momento de transición, de inquieta belleza y engañosa serenidad. La hora mágica participa del espíritu de la vigilia del sábado santo cristiano, situado entre la noche y el día, las tinieblas y la luz, el silencio y el canto, la pérdida de la muerte y la esperanza de la vida nueva; donde los creyentes nos sentimos tentados por el sueño de la inconsciencia y el miedo, e invitados a permanecer despiertos y atisbar las primeras luces del alba. La hora mágica del crepúsculo y la vigilia pascual del sábado santo, con su fuerza evocadora, su poesía y simbolismo, nos brindan un lenguaje capaz de expresar la rica y plural experiencia que caracteriza este momento único que vivimos las religiosas.

Venimos de un largo pasado dentro de la Iglesia que conecta, en sus orígenes, con la frescura de la llamada de Jesús a sus discípulos a seguirle. Nacidos y enraizados, unas veces mejor y otras peor, en el seno de las diferentes culturas y épocas, las religiosas y los religiosos hemos sido unas veces más numerosos y otras menos; en algunos momentos hemos estado cerca de la vida y los intereses de nuestros hermanos y hermanas y, en otros, hemos vivido al margen creando una cultura propia alejada de la realidad y ajena a la vida del pueblo. Hemos sido voces valientes y proféticas en la iglesia, germen y estímulo de renovación eclesial y social, tanto como opresores y cómplices de políticas, doctrinas y sistemas intrínsecamente dañinos para los seres humanos. Con frecuencia nos hemos creído seres superiores y más perfectos, rompiendo así la comunidad de iguales querida por Jesús; rompiendo la igualdad fundamental de las diferentes formas de vida cristiana e incluso del resto de los seres humanos. A pesar de que la VR ha sido y es numérica y proporcionalmente femenina y laica (¿es laica la vida religiosa?), nos hemos caracterizado por un clericalismo sectario, clasista y sexista.

Nuestro presente no es menos ambiguo que nuestro pasado. Junto a las mártires, y misioneras, mujeres comprometidas a favor de los más pobres y necesitados, que se arriesgan por la causa del Reino o Proyecto de Dios, muchas de nosotras andamos perdidas. Al lado de unas formas de VR en tensión, en actitud perenne de búsqueda y a la escucha de la Palabra de Dios, que unas veces grita claramente y las más apenas susurra, encontramos entre nosotras otras formas de VR apagadas, desmotivadas y que, en definitiva, han perdido su norte. Pero es en este presente contradictorio en el que encontramos también los gérmenes de nuevas formas de VR que queremos desarrollar y que desearíamos que se dieran a la luz ya, de inmediato, y mucho más abiertamente.

La hora mágica y la pascua cristiana, entre dos luces, efectivamente, es una metáfora adecuada para comprender lo que hemos vivido como nuestro pasado y lo que deseamos que constituya nuestro futuro. Porque una cosa es cierta: ahora mismo, en la línea del horizonte, no es menos real el legado del pasado remoto e inmediato, el rescoldo de la luz que se extingue, que los anhelos y gérmenes de la que podría ser una fuente de luz nueva que ya comenzado. Vivimos un presente de frontera, desgarrado, apasionante y lúcido.

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