Categotry Archives: Pido la palabra

La caída del Templo: una llamada a la formación

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Joan Chittister

La vida religiosa lleva mucho tiempo en una encrucijada. Muchos de los religiosos de hoy llevan casi toda su vida en esa situación. Ha sido una época apasionante, pero también difícil. No ha sido, sencillamente, un tiempo de reajuste. Los períodos de reajuste son parte normal de la vida. La incertidumbre que agita, en todas partes, a congregaciones y comunidades se debe a las diversas opiniones sobre lo que exactamente necesita reajustarse.

Algunos quieren que las cosas sigan “tan buenas” como les parecían antes del Vaticano II: quieren ministerios prósperos y estables, la aprobación de la gente, un puesto cómodo en la Iglesia y privilegios en la sociedad. Otros, en cambio, quieren que la vida religiosa sea totalmente diferente de lo que fue: quieren libertad, independencia, autonomía y ministerio profesional sin costos ni presiones. Algunos grupos han intentado mantener o dar vida a la vida religiosa preconciliar repitiendo lo antiguo y haciéndolo mejor. Algunos de estos grupos existen todavía y son eficaces, pero su modelo no se ha impuesto.

Otros grupos han realizado una tarea de renovación imponente. Todo lo anterior a 1962 ha sido desempolvado, pintado y vendido como si fuera nuevo. Bajo la cáscara de lo viejo, emergieron horarios, estilos de vida, ministerios nuevos. Los ministerios tradicionales, las antiguas formas de rezar y las situaciones comunitarias fueron sometidos a cambios cosméticos. A pesar de las nuevas formas de vestir y de las nuevas actividades, en el fondo, poco o nada ha cambiado realmente. Ni el cambio de lugar, ni la reconstrucción del pasado, ni un mero sacarle brillo son respuesta en la situación presente. La historia nos avisa de las consecuencias de ambas opciones.

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Palabras de agradecimiento. Premio Herbert Haag 2017

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Mercedes Navarro Puerto

 

Distinguidos miembros de la Fundación, estimado Presidente, Señoras y Señores:

Me siento profundamente agradecida a la Fundación Herbert-Haag por este inesperado premio, que es para mí reconocimiento y estímulo en la difícil tarea de construir la igualdad real de mujeres y varones en la Iglesia y en el mundo.

Este premio es una celebración de la libertad. Así lo entiendo, así lo vivo y lo comparto: como una fiesta, porque, aunque se me premia a mí, en mí se premia y se celebra una manera de ver el mundo y la iglesia, una manera de ser teóloga y hacer teología, un modo de entender la vida religiosa, de ser religiosa y estar en este estilo de vida encarnando un carisma. Toda esta cosmovisión se premia y se celebra porque está atravesada por la libertad, una libertad siempre en construcción. A través de mí, el premio celebra la libertad de muchas mujeres, de muchas teólogas, de muchas religiosas. Somos muchas, conectadas mediante objetivos y procesos que son a la par comunes y diversos. Eso me llena de una gran satisfacción. Formo parte de una hermosa historia de libertad de mujeres, de una historia de religiosas libres, de cuyas vidas y logros me siento heredera, y formo parte de un presente palpitante de vida libre, dentro y fuera de la Iglesia. Este premio me vuelve más agradecida y consciente y, dado que la consciencia aumenta la libertad, el premio me hace, también, más libre.

Soy lo que soy por ser religiosa. La vida religiosa ha sido y sigue siendo mi camino de libertad. Soy feminista y me comprometo por la igualdad humana y la transformación de este mundo y de la Iglesia como religiosa y gracias a que lo soy. Entré en la vida religiosa porque quería ser más libre. Mi vocación está fuertemente cimentada en la libertad. La decisión de unirme a una congregación cuyo espíritu es la liberación de los cautivos nació muy temprano y creció en un entorno social en el que se abrían puertas y ventanas a un futuro prometedor y entusiasta para la sociedad y la Iglesia. Era el año 1968. Un año que marcó simbólicamente un cambio cualitativo en mi proceso de libertad. En dicho proceso destacan mi vocación de teóloga y biblista, es decir, de pensadora y exegeta impregnada de conciencia feminista. Ser “teóloga feminista” incluye la libertad.

Cuando estudiaba Psicología en Salamanca, leí el “Examen de ingenios para las ciencias”, de Huarte de San Juan, médico y pensador español del siglo XVI, quien decía que al teólogo le corresponde el ingenio “caprichoso” (del latín capra), pues la finalidad de su pensamiento es abrir caminos inéditos y arriesgados, como hacen las cabras en el monte. Y yo supe que tenía ese “ingenio caprichoso”. Como teóloga y biblista feminista, busco “caminos de cabras” en el monte del pensamiento y esta búsqueda es, sin duda, un continuo desafío a la libertad. No estoy sola. Hoy, compartiendo este premio, me acompaña otra religiosa, teóloga y feminista, pero hay otras muchas religiosas pensadoras feministas compañeras de camino, que abren sendas inexploradas y arriesgadas, externas e internas, de libertad. A todas dedico este premio y doy sinceramente las gracias. Este reconocimiento es también reconocimiento de todas ellas.

Lucerna, 19 de marzo de 2017

Vida religiosa: bases para un nuevo comienzo

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Joan Chittister

Revista Con-spirando

La vida religiosa contemporánea se ha visto profundamente afectada por cuatro elementos comunes a todas las instituciones, como entidades sociológicas, en este momento de la historia. La cultura ha condicionado su forma; el feminismo ha centrado su discurso; la inserción en la sociedad ha difuminado su presencia; y la inculturación ha agudizado sus percepciones y ha diversificado sus expresiones. Como consecuencia, la vida religiosa ya no vive fuera del mundo real, como en el pasado, cuando respondía más a patrones medievales que a la teología contemporánea. Ahora, por el contrario, está tan inmersa en el presente que puede quedar oscurecida en la sociedad actual, a no ser que se transforme más en un estímulo que en una sombra.

La vida religiosa ha decaído en todos los momentos de cambio importantes de la historia: pero al mismo tiempo, también ha resurgido en cada uno de los dichos momentos. La dificultad estriba en elegir una de estas posibilidades en lugar de la otra. En épocas de cambio social significativo, algunas personas reaccionan aferrándose al pasado con más fuerza aún, y otras ignorándolo por completo. Nuestra época no ha sido diferente. Durante 25 años, las congregaciones religiosas han tenido que afrontar tanto rígidos conservadurismos como impetuosas revoluciones. Es importante recordar que esos cuatro elementos sociales ya mencionados –la cultura, el feminismo, la inserción y la inculturación– han sido durante mucho tiempo factores sociológicos que han condicionado la eficacia y la orientación de la vida religiosa. El problema consiste en saber qué dimensiones de cada una de estas cuestiones afectan a la vida religiosa, qué necesidades humanas satisfacen y qué aspectos conducen al declive de la vida religiosa, mientras otros contienen semillas de futuro.

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Para una espiritualidad evolutiva

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Beatriz Eugenia Becerra Vega, mmb
Madrid, 16 de noviembre de 2016
(Unos días antes del viaje a la India)

Bendigo y honro las TRES ETAPAS DEL DINAMISMO EVOLUTIVO que agrandan, ensanchan, liberan, amplifican nuestra manera de mirar el mundo, la Historia, el Cosmos, la humanidad, a Dios-a misma, a la Innombrable. Gracias a la Ciencia habitada que nos adentra en este recorrido hacia los orígenes del planeta, la prehistoria, la protohistoria, los inicios que conectan nuestro cordón umbilical con milenios de años atrás, que me hacen ser consciente de todo un espectáculo evolutivo, con el asombroso polvo de estrellas que me constituye.

El que la Ciencia nos ofrezca ese espectáculo desde los orígenes, cuando la Madre Tierra era admirada, respetada, abrazada con el mundo material, biológico, espiritual y celebraba desbordante de mitos y de Misterio. Para luego atravesar por la larga etapa mecanicista, necesaria y amenazante a la vez, donde se despreció o redujo el valor de la materia, de la naturaleza y de la espiritualidad, para sobredimensionar la razón, la especulación, lo estrictamente manipulable, el patriarcado, el antropocentrismo. Y en este devenir de la historia, de la fuerza de la gravedad, de los movimientos centrífugos y centrípetos, precisamente asistimos al alumbramiento de una tercera época, que retoma el movimiento de la ola, del círculo, de los campos reverberantes de energía holística, que articulan la onda y la partícula, abriéndonos a lo multidimensional del Misterio, no local, no atrapable, no manipulable.

Ubicación desde esta perspectiva evolutiva que permite una mayor contextualización, no solo en el campo de las religiones, sino de toda la Ciencia, lo cual permite desmontar absolutos, relativizar actitudes aberrantes e, inclusive, desafiar a la dogmática y rescatar lo mucho que nos hemos enriquecido en la complejidad, tanto de cara al presente como al futuro de vida y luego de esta vida: Materia, energía, conciencia, espacios sagrados, ritos, mitos, simbología, en definitiva, imbuidas apasionada y desconcertantemente por el Misterio, ante él, dentro de él, habitadas por él,  atraídas por él, danzando con él.

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