Mercedes Navarro Puerto mc

Jornada de Formación de la URC (Barcelona, 21 de abril de 2012)

(Continuación)[1]

III. EL PODER DE IMAGINAR Y RECONSTRUIR

1. El poder de la imaginación

Como psicoterapeuta tengo experiencia de la fuerza y el poder curativo y transformador de la imaginación. La imaginación requiere soltar y soltarse, abandonar los miedos a lo desconocido y a lo inesperado. La imaginación no viene de fuera, sino que es un poder que nos viene con lo humano, que ha hecho posible lo supuestamente imposible.

Una de las columnas en las que se apoya nuestro estilo de vida es la que aparece en las parábolas. Y en ellas lo que asoma es una teología de la imaginación, una pastoral de la imaginación, una didáctica religiosa de la imaginación, una sociología imaginativa, una política imaginativa. La imaginación se convierte en el Jesús narrador de parábolas en vehículo teológico y cauce propositivo de la fe porque es libre y no está sujeto a la tiranía de la evidencia. Pero es más que eso. La imaginación no es sin más un vehículo, un instrumento, sino que ella misma se convierte en parte de la teología de Jesús sobre el Reinado o Proyecto de D*s. La imaginación es parte de la teología y puede convertirse en imaginación teológica. No es muy ortodoxo, pero Jesús no lo era.

Otro rasgo interesante de la teología de las parábolas creadas sobre la base de la imaginación es su secularidad. Puede que en este rasgo resida parte de nuestra resistencia a imaginar, pues la teología no se ha llevado bien con la imaginación y mientras que la ciencia secular anda haciendo las paces con ella y trabando múltiples alianzas, la teología se hace más y más rígida, sin dejar espacio alguno a la imaginación. Cuando brotan las imágenes y hace su aparición la creatividad con sus novedades, lo teológico se llena de secularidad. Es, repito, lo que hizo Jesús.

Nadie se toma al pie de la letra las parábolas y sin embargo ellas hablan sobre D*s, el Reino y el futuro, mejor que los discursos. No es que sean excluyentes, pero hay realidades que o se expresan de forma imaginativa o no se pueden expresar con cierta profundidad. Yo veo que la teología de la Vida Religiosa no es nada imaginativa. Veo que nuestros documentos no se caracterizan por sus propuestas imaginativas. No veo que nuestras instituciones estén interesadas en azuzar la imaginación y cuando esta llega, a pesar de todo, es borrada inmediatamente del mapa de las propuestas.

No es que haga mucha falta defender la capacidad innovadora de la imaginación, pero aun así voy a dedicarle un momento. Cuando Julio Verne escribió sus novelas de ciencia ficción, no existía nada que se llamara submarino, ni sus lectores pensaron en la posibilidad real de ir al espacio, a la luna. Y, con todo, se crearon submarinos y viajamos al espacio. Cuando comenzaron las series de Star Trek, la física cuántica apenas se atrevía a decir nada sobre posibilidades como el teletransporte o el descubrimiento de formas de vida inimaginables. Hoy lo uno y las otras son más que posibilidades. Por no hablar de cuestiones como la nanotecnología y otras cositas así, que solo aparecían en las películas para puro entretenimiento. Pero no nos engañemos. La imaginación da mucho miedo, pues una vez imaginado, algo que no existía comienza a existir. Lo imaginado requiere palabras y estas, con las imágenes, dan un estatuto más contundente a la realidad. El resto se reduce a probabilidad, es decir, a la libertad que alguien se toma de llevar eso a la materialidad de las cosas, a convertir la realidad virtual, como decimos ahora, en la realidad empírica.

[1] Continuación del texto publicado en Desveladas:

http://www.desveladas.org/b/pido/2016/06/19/representaciones-del-futuro-nuestro-el-poder-de-la-imaginacion-y-de-la-palabra/

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