Beatriz Eugenia Becerra Vega, mmb
Madrid, 16 de noviembre de 2016
(Unos días antes del viaje a la India)

Bendigo y honro las TRES ETAPAS DEL DINAMISMO EVOLUTIVO que agrandan, ensanchan, liberan, amplifican nuestra manera de mirar el mundo, la Historia, el Cosmos, la humanidad, a Dios-a misma, a la Innombrable. Gracias a la Ciencia habitada que nos adentra en este recorrido hacia los orígenes del planeta, la prehistoria, la protohistoria, los inicios que conectan nuestro cordón umbilical con milenios de años atrás, que me hacen ser consciente de todo un espectáculo evolutivo, con el asombroso polvo de estrellas que me constituye.

El que la Ciencia nos ofrezca ese espectáculo desde los orígenes, cuando la Madre Tierra era admirada, respetada, abrazada con el mundo material, biológico, espiritual y celebraba desbordante de mitos y de Misterio. Para luego atravesar por la larga etapa mecanicista, necesaria y amenazante a la vez, donde se despreció o redujo el valor de la materia, de la naturaleza y de la espiritualidad, para sobredimensionar la razón, la especulación, lo estrictamente manipulable, el patriarcado, el antropocentrismo. Y en este devenir de la historia, de la fuerza de la gravedad, de los movimientos centrífugos y centrípetos, precisamente asistimos al alumbramiento de una tercera época, que retoma el movimiento de la ola, del círculo, de los campos reverberantes de energía holística, que articulan la onda y la partícula, abriéndonos a lo multidimensional del Misterio, no local, no atrapable, no manipulable.

Ubicación desde esta perspectiva evolutiva que permite una mayor contextualización, no solo en el campo de las religiones, sino de toda la Ciencia, lo cual permite desmontar absolutos, relativizar actitudes aberrantes e, inclusive, desafiar a la dogmática y rescatar lo mucho que nos hemos enriquecido en la complejidad, tanto de cara al presente como al futuro de vida y luego de esta vida: Materia, energía, conciencia, espacios sagrados, ritos, mitos, simbología, en definitiva, imbuidas apasionada y desconcertantemente por el Misterio, ante él, dentro de él, habitadas por él,  atraídas por él, danzando con él.

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