Mercedes Navarro Puerto mc

Jornada de Formación de la URC (Barcelona, 21 de abril de 2012)

 

  1. PREMISAS

Quiero apoyar mis palabras de esta jornada en una historia de la realidad, que, sin ser única, es sumamente significativa. Una amiga religiosa, cercana a los 70 años, que el año pasado celebró sus 50 años de profesión religiosa, ha pedido la exclaustración. Incluso sin contexto, es sumamente chocante. Cuando el contexto indica que esta religiosa sigue hablando de sí misma como tal y todos los problemas que alega son institucionales, cuando la veo tan lúcida y analítica como siempre y entiendo que su problema en la institución afecta a lo más importante de una persona y una religiosa, su dignidad, su libertad, su identidad como miembro de su propia congregación, y cuando me habla sin cesar de que no hay futuro alguien que, en un sentido, tiene el tiempo en su contra y a quien el futuro, egoístamente, no tendría que preocuparle más que como un presente extenso…, es que algo muy serio está ocurriendo.

Sobre esta base, confieso que me ha costado mucho pensar en el tema que quiero abordar aquí. Hubo días en que pensé en la falacia de hablar de futuro cuando asisto a este tipo de casos tan sangrantes. Me ha costado procesarlo y va a estar todo el tiempo en el trasfondo. Si es grave que las jóvenes y los jóvenes, tan escasos en nuestras instituciones, perciban poco o nulo futuro, mucho más lo es que esto mismo se lo planteen quienes están en la recta final de sus vidas y aman el estilo y la familia en la que la han vivido. Tengo la impresión de que la obsesión vocacional nos distrae trágicamente de los problemas y las posibilidades de nuestro presente. Personalmente no quiero permitir que el futuro sea una coartada para un presente difícil.

Lo dejo en el trasfondo, porque no voy tomar como punto de partida el análisis de la realidad para realizar un diagnóstico. De nada me sirve, por ejemplo, someter a examen la historia que he contado, pues los presupuestos de análisis falsearían los resultados. Para que se me entienda, es comparable a lo que pasa con el delirio: el delirio es un proceso mental que suele estar perfectamente montado y, en muchas ocasiones, con una lógica impecable. El problema no está en la lógica ni en la trama ni en su perfección, sino en la premisa. La premisa es el problema. El punto de partida, el punto de vista. Ahí reside la patología. Una vez que das por bueno el punto de partida estás perdido, pues no puedes romper la lógica. Para modificar esa lógica no hay más solución que cuestionar el punto de partida.

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