Ángela Atienza

Es indudable que los estudios sobre el mundo de las monjas y el mundo de los claustros femeninos conforman hoy un campo de investigación que ha contribuido en gran manera a la transformación de la historia religiosa, terminando por renovar el perfil institucional tradicional que la ha marcado durante tanto tiempo y contribuyendo a orientarla hacia la historia social y cultural. A modo de introducción apuntaré algunos elementos que contribuyan a una primera caracterización.

En primer lugar, cabe destacar que estamos ante un terreno que ofrece muchas facetas y dimensiones de investigación y una variedad notable. Se trata, sin duda, de un mundo que presenta una gran diversidad, que aparece invadido por múltiples contrastes, perceptibles en todas las dimensiones posibles de análisis. Escribía bien L. Sánchez Hernández: «Teniendo en cuenta todos los elementos que forman parte del mundo conventual, y partiendo de los testimonios de muchas profesas, no se puede considerar de manera uniforme la vida religiosa femenina de la Edad Moderna, sino que hay que partir de la complejidad que caracteriza a todo grupo humano, y de la variedad, decíamos al comienzo, de intereses e intenciones que tienen los sujetos que participan en ella. Evidentemente, si las mujeres que van al convento lo hacen animadas por diferentes motivaciones, se produce una indefectible mezcla de vivencias que giran en torno al misticismo, la frivolidad, la devoción, las visiones, la milagrería o la simple vida rutinaria, motivando, muchas veces, una visión simplista que ha englobado a las monjas dentro de una definición unilateral, todas frívolas o todas místicas, fruto de una cierta confusión conceptual». Efectivamente, la diversidad es grande. Un problema no menor tiene que ver con la propia realidad de los conventos femeninos en la España del Antiguo Régimen: estamos ante un extenso y variopinto conjunto de instituciones que permanecen sometidas a reglas diversas, desarrolladas en constituciones y normas diferentes, estamos también ante cenobios con dependencias variadas, por un lado la propiamente eclesiástica (episcopal o de la orden), por otro lado, la dependencia del patrón de turno.., éstos y otros son elementos que condicionan cualquier intento de valoración global. Y a ellos hay que añadir otras muchas facetas de diversidad en el conjunto, pese a que Trento hiciera un esfuerzo de uniformización del mundo religioso femenino sobre la base del control riguroso y de la clausura estricta. No es, por lo tanto, nada fácil la generalización en este campo de estudio, algo que además se acentúa si consideramos la amplitud del volumen de información que vamos acumulando.

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