María José Torres Pérez, Ap. C. J.

 

Muchas gracias por invitarme a compartir con vosotras y vosotros estas Jornadas de reflexión. Cuando los compañeros y compañeras de la CONFER me pidieron participar en ellas la verdad es que inicialmente me costó aceptarlo, porque os confieso que al igual que a muchas de vosotras desde hace un tiempo me invade una resistencia muy fuerte a hablar específicamente de la vida religiosa para la vida religiosa.

Después de muchos años de reflexión y búsquedas compartidas, de implicación en pequeños grupos y redes de vida religiosa preocupadas por repensar-se para refundar-se hacer un discurso cuyo objeto sigamos siendo nosotros mismos me deja un tanto insatisfecha.

Muchas de nosotras estamos hartas de análisis que nos siguen dejando en la parálisis y nos sentimos urgidas como dice Casaldáliga a “pensar también con los pies”, porque si no nuestras reflexiones no serán más que un entretenimiento inútil, o una justificación, y como diría Teresa de Jesús “no están los tiempo para tratar con Dios negocios de poca importancia”.

Creo sinceramente que hoy cobra nueva actualidad una máxima que es necesario sacar del armario de la vida pública: “No se trata sólo de interpretar la historia –y donde decimos historia podemos decir, iglesia, vida religiosa, comunidades, contextos, organizaciones, etc, sino de transformarla”, es decir, de pringarnos en ella, de pasar de la expectación a la implicación, en estos tiempos tan desconcertantes que atravesamos y tan duros especialmente para las vidas de los más empobrecidos y buscadores.

Por eso desde este reto de pensar con los pies me animo a compartir mis reflexiones sobre la misión, consciente también que quizá si aportan alguna novedad sea la del contexto desde el que han sido engendradas y quienes han sido sus parteros y parteras: un proyecto de comunidad intercongregacional de inserción, de vida compartida entre Ursulinas de Jesús, Dominicas de la enseñanza, Apostólicas del Corazón de Jesús, y hermanos hermanas del barrio de Lavapiés de nacionalidades, culturas y creencias muy distintas pero que confluimos en una pasión común: la de ayudarnos a vivir, levantar puentes y no muros y encontrarnos a pie de reciprocidad, pese a las muchas asimetrías que se nos imponen para sentarnos juntos en la mesa de los derechos y la inclusión del Reino.

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