Magdalena de Bingen

A menudo, bajo capa de condescendiente valoración, las mujeres somos acusadas de estrechez de miras respecto a la realidad y respecto a la propia experiencia religiosa y espiritual. Llamo valoración sesgada y condescendiente a las apreciaciones que alaban en las mujeres una peculiar sensibilidad religiosa, su capacidad para la oración y la vida contemplativa, su predisposición a entrar en relación con la Divinidad. Tras ella se esconde la descalificación y el desprecio. Todavía, no nos engañemos, la objetividad es más valorada que la subjetividad, asociadas, respectivamente, al género masculino y al femenino. Todavía se cree en esa supuesta esencia de lo femenino que parece capacitar cuasi genéticamente a las mujeres para todo lo emocional y difícilmente apresable desde fuera.

Ver texto completo