Mauricio Vicent

elpais.com, 3 de junio de 2014

 

Una-lucecitaEl centro que regenta Sor Milagros en el peor suburbio de Puerto Príncipe da educación a mil niños y atiende cada año a cientos de pequeños desnutridos

Lo dice todo el que conoce la historia de violencia y pobreza extrema de Cité Soleil: no deje de ir a ver lo que hacen allí las Hijas de la Caridad de San Vicente Paul. Si uno no comulga mucho con la fe, como es el caso, puede darle pereza. Pero enseguida entiendes que estas monjas son de armas tomar y que la labor social que realizan es extraordinaria. Para empezar, no es fácil encontrar un cristiano con vehículo que se atreva a cruzar las calles polvorientas de este miserable suburbio de Puerto Príncipe, el más pobre de la capital más pobre de América Latina y del hemisferio occidental. Aquí malviven 300.000 personas hacinadas en chabolas hechas de tablones, barro y techos de zinc, auténticos hornos malayos cuando aprieta el sol, y la mayoría carecen de electricidad, agua y letrinas, sin contar con que el 75% de los jóvenes que las habitan no poseen empleo pero sí machetes y pistolas.

 “Yo ya estoy acostumbrada… Pero la verdad es que no son muchos los que quieren venir por aquí”, admite Sor Milagros tras abrirse el portón del centro que regenta en el epicentro de este infierno, que el terremoto de 2010 inflamó más todavía. Ya no hay tantos asesinatos y balaceras como antes, cuando la locura se instaló en Haití tras la partida del expresidente Jean Bertrand Aristide, en 2004, pero Cité Soleil sigue siendo dinamita. “La gente aquí no tiene nada, sólo hambre y pocas formas de buscarse la vida”, asegura la hermana.

Milagros se apellida Caballero y es de Valladolid. Acaba de cumplir 80 y la mitad de su vida la ha pasado en Cité Soleil.

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