Pepa Monleón

Revista Alandar

MJAranaHay mujeres pioneras, que abren caminos para que las cosas sean posibles. Una de ellas es Mª José Arana, religiosa del Sagrado Corazón, que recibió el pasado junio el premio alandar, elegida de manera unánime por el equipo de la revista. Hemos querido hacerle esta entrevista para acercar más aún su trayectoria a nuestros lectores y lectoras. Doctora en teología y diplomada universitaria en sociología por la Universidad de Deusto, lleva décadas luchando desde dentro de la Iglesia católica por construir la igualdad y el reconocimiento de las mujeres. Actualmente es profesora en la Facultad de Teología de Vitoria y en el Instituto de Teología y Pastoral de Bilbao.

¿En qué momento se encuentra la teología feminista en el resto del mundo y en España en particular?

La teología feminista ha hecho un gran esfuerzo de investigación y profundización; tiene un talante, metodología y sensibilidad originales y enriquecedores para la teología en general. Su forma de hacer, reconocida o no, ha influido notablemente en el “quehacer teológico”. En el ámbito internacional, Elisabeth Johnson es un buen ejemplo de ese repensar aspectos claves de los grandes temas teológicos desde la perspectiva feminista.

La teología feminista es plural. Yo no me identifico de la misma forma con unas corrientes que con otras, pero ahí están. En las actas y publicaciones del Congreso, en Salamanca 2011, de la Asociación europea de mujeres para la investigación teológica (ESWTR), en el que tuve el honor también de pronunciar una ponencia, podemos ver una variedad de corrientes y planteamientos.

En España tenemos la ATE (Asociación de Teólogas Españolas), EFETA (Escuela Feminista de Teología de Andalucía, pero que abarca principalmente España y Latinoamérica), los grupos de reflexión “Mujeres y Teología”… Estos son los lugares en los que podemos seguir las corrientes y la situación de la teología feminista especialmente en España.

Fuiste responsable de una parroquia en Vizcaya. ¿Cómo fue esa experiencia pastoral, personal y comunitariamente hablando?

Si, fui “párroco” o “encargada de la parroquia” con funciones de párroco, como decía el obispo Luis María Larrea, que fue el que me nombró. Estuve nueve años. También era maestra del pueblo.

Mi experiencia fue muy buena, fui muy feliz en el pueblo de Aranzazu, la gente acogía muy bien mis servicios en un campo y otro. Hicimos muchas cosas y fue bonito. Pero tengo que decir la verdad: que a nivel pastoral y, especialmente, sacramental, me sentía como una “sacristana de postín”, pero, al fin y al cabo, “sacristana”…porque no puedes administrar los sacramentos (sólo el bautismo y el permiso para que los curas pudieran casar), tienes que depender del cura de al lado para muchas cosas… y te sientes mal cuando, además, teniendo vocación sacerdotal todo queda en una especie de sucedáneo incompleto…

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