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Las Dominicas, fieles a Domingo, somos orante y predicadoras. Como a Domingo, nos llegan los clamores de los pobres –de todo tipo– y viviendo la compasión, intentamos ser misericordia para la humanidad, y pedirla a tiempo y a destiempo para la humanidad.

Apasionadas por la verdad, por la humanidad, por el Evangelio, dejamos que él nos guíe e ilumine en cada momento, que nos envíe y nos instruya, ya dijo Jesús que su Espíritu nos instruiría y en la oración agudizamos el oído y preparamos el corazón para no cerrar nuestras entrañas al reclamo de Dios, que se sigue manifestando en los gemidos de la humanidad.

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