Cristina Kaufmann[1]

 

Cristina-KaufmannLa gente, cuando viene aquí, nos tiene por extrañas. Hay gente con mucho respeto, pero dicen: “No lo comprendo. No sé qué encontráis en esta forma de vida”. Y quizás otros, pocos, nos ven más bien un poco inútiles, una existencia inútil, incluso desde el compromiso cristiano. Hay tantas cosas, tantos pobres, tantos enfermos, tantos marginados, tantas desgracias en el mundo… Puedes hacer, ser más útil desde un punto de vista utilitarista o de eficacia palpable. Eso tiene que ver con la dificultad de aceptar la trascendencia de la vida humana, de que nuestro destino último no es curar todas las enfermedades, que todos estamos aquí como peregrinos, en condición de exilio.

Entonces, dentro de la Iglesia, una parte de la Iglesia puede dedicarse principalmente y visiblemente y como sacramentalmente a la contemplación y a la alabanza de Dios, para ser como una imagen, como un signo, como un sacramento de lo que toda persona está llamada a vivir: la comunión con Dios y la alabanza.

Yo creo que la vida contemplativa, nuestra vida, uno de los matices de nuestro testimonio, es también el testimonio de la belleza. Nuestra vida tiene una armonía que es hermosa, que es bella, porque tiene en cuenta todas las facetas de la persona humana, pero recogida, como impregnada de la presencia del Espíritu de Dios. Porque Dios es belleza, Dios es amor. Dios es belleza. Si la creación es reflejo de Dios, la creación es hermosa.

Leer texto completo

 

 

[1] Este texto recoge por escrito, y traducida al castellano, la entrevista a la carmelita Cristina Kaufmann que la productora Eulogos presentó en 2007 en un documental titulado Re-crear soledades, dirigido y realizado Francesc y Joan Grané, que en 2008 recibió el primer premio de su categoría en el Festival Internacional de Films de temática religiosa que promueve la Televisión Suïsse-Romande .