Re-crear las soledades (texto en castellano)

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Cristina Kaufmann[1]

 

Cristina-KaufmannLa gente, cuando viene aquí, nos tiene por extrañas. Hay gente con mucho respeto, pero dicen: “No lo comprendo. No sé qué encontráis en esta forma de vida”. Y quizás otros, pocos, nos ven más bien un poco inútiles, una existencia inútil, incluso desde el compromiso cristiano. Hay tantas cosas, tantos pobres, tantos enfermos, tantos marginados, tantas desgracias en el mundo… Puedes hacer, ser más útil desde un punto de vista utilitarista o de eficacia palpable. Eso tiene que ver con la dificultad de aceptar la trascendencia de la vida humana, de que nuestro destino último no es curar todas las enfermedades, que todos estamos aquí como peregrinos, en condición de exilio.

Entonces, dentro de la Iglesia, una parte de la Iglesia puede dedicarse principalmente y visiblemente y como sacramentalmente a la contemplación y a la alabanza de Dios, para ser como una imagen, como un signo, como un sacramento de lo que toda persona está llamada a vivir: la comunión con Dios y la alabanza.

Yo creo que la vida contemplativa, nuestra vida, uno de los matices de nuestro testimonio, es también el testimonio de la belleza. Nuestra vida tiene una armonía que es hermosa, que es bella, porque tiene en cuenta todas las facetas de la persona humana, pero recogida, como impregnada de la presencia del Espíritu de Dios. Porque Dios es belleza, Dios es amor. Dios es belleza. Si la creación es reflejo de Dios, la creación es hermosa.

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[1] Este texto recoge por escrito, y traducida al castellano, la entrevista a la carmelita Cristina Kaufmann que la productora Eulogos presentó en 2007 en un documental titulado Re-crear soledades, dirigido y realizado Francesc y Joan Grané, que en 2008 recibió el primer premio de su categoría en el Festival Internacional de Films de temática religiosa que promueve la Televisión Suïsse-Romande .

Covadonga Orejas: “No hay nada que pueda justificar que la gente muera en la frontera”

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Jesús Bastante

Covadonga-OrejasCovadonga Orejas es carmelita vedruna y lleva 12 años entre Gabón y Togo. Ahora visita nuestro país para promover la Campaña de Manos Unidas, con la mirada puesta en la construcción de un mundo mejor para todos. Un mundo en el que tengamos una mirada distinta hacia el sur. “En África hay niñas que están en el mercado trabajando de sol a sol, explotadas, como trabajaban los niños a principios de la Revolución Industrial… Eso existe todavía”, explica.

¿Desde cuándo eres misionera?

Desde 2002.

¿Cuándo y cómo decidiste irte?

Yo siempre había pensado en América. Veía a las hermanas carmelitas que estaban allí y lo que hacían, y me ilusionaba pensar en poder participar en un proyecto así. Yo siempre estaba dispuesta a ir pero nunca llegaba el momento (porque estaba recibiendo formación), pero estalló la guerra de Liberia, y entonces el Servicio Jesuita para los Refugiados pidió ayuda a las congregaciones. La gente se estaba refugiando en Guinea Conackry y nos dijeron que hacía falta ir. Nosotras siempre habíamos colaborado con los jesuitas, así que yo dije que iba. Así que me mandaron por dos años, a mí sola, y así empezó todo. En vez de dos años fueron tres, y luego me dijeron que había que ir a Togo, y finalmente a Gabón.

¿Encontraste muchas diferencias entre esos tres países africanos?

En contra de lo que se suele pensar, dos países africanos pueden parecerse entre sí tanto como España y Ucrania, por ejemplo. Es decir, muy poquito. África del oeste y África central se diferencian mucho como zonas, y luego cada país tiene sus peculiaridades. Sobre todo y siento muchas diferencias de la zona rural a la zona urbana. Es decir, las zonas urbanas de distintos países tienen bastantes cosas en común, y las zonas rurales también. Comparando con España, yo diría que la gente de África del oeste se parece más a la gente de los pueblos de aquí: viven mucho más la cultura de la acogida, la vida tranquila y sencilla… Mientras que en las ciudades africanas se vive el mismo estrés de las ciudades de aquí y las pobrezas son mucho más duras.

Por otro lado, África central parece que ha entrado mucho más en el mundo globalizado. Los medios de comunicación, los sistemas de internet, las blackberrys… están mucho más implantados en la zona central del continente que en el resto.

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https://www.youtube.com/watch?v=BI6rSawpNXU

“Me duele la lentitud y el inmovilismo eclesial con respecto a la mujer”: entrevista a María José Arana

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Pepa Monleón

Revista Alandar

MJAranaHay mujeres pioneras, que abren caminos para que las cosas sean posibles. Una de ellas es Mª José Arana, religiosa del Sagrado Corazón, que recibió el pasado junio el premio alandar, elegida de manera unánime por el equipo de la revista. Hemos querido hacerle esta entrevista para acercar más aún su trayectoria a nuestros lectores y lectoras. Doctora en teología y diplomada universitaria en sociología por la Universidad de Deusto, lleva décadas luchando desde dentro de la Iglesia católica por construir la igualdad y el reconocimiento de las mujeres. Actualmente es profesora en la Facultad de Teología de Vitoria y en el Instituto de Teología y Pastoral de Bilbao.

¿En qué momento se encuentra la teología feminista en el resto del mundo y en España en particular?

La teología feminista ha hecho un gran esfuerzo de investigación y profundización; tiene un talante, metodología y sensibilidad originales y enriquecedores para la teología en general. Su forma de hacer, reconocida o no, ha influido notablemente en el “quehacer teológico”. En el ámbito internacional, Elisabeth Johnson es un buen ejemplo de ese repensar aspectos claves de los grandes temas teológicos desde la perspectiva feminista.

La teología feminista es plural. Yo no me identifico de la misma forma con unas corrientes que con otras, pero ahí están. En las actas y publicaciones del Congreso, en Salamanca 2011, de la Asociación europea de mujeres para la investigación teológica (ESWTR), en el que tuve el honor también de pronunciar una ponencia, podemos ver una variedad de corrientes y planteamientos.

En España tenemos la ATE (Asociación de Teólogas Españolas), EFETA (Escuela Feminista de Teología de Andalucía, pero que abarca principalmente España y Latinoamérica), los grupos de reflexión “Mujeres y Teología”… Estos son los lugares en los que podemos seguir las corrientes y la situación de la teología feminista especialmente en España.

Fuiste responsable de una parroquia en Vizcaya. ¿Cómo fue esa experiencia pastoral, personal y comunitariamente hablando?

Si, fui “párroco” o “encargada de la parroquia” con funciones de párroco, como decía el obispo Luis María Larrea, que fue el que me nombró. Estuve nueve años. También era maestra del pueblo.

Mi experiencia fue muy buena, fui muy feliz en el pueblo de Aranzazu, la gente acogía muy bien mis servicios en un campo y otro. Hicimos muchas cosas y fue bonito. Pero tengo que decir la verdad: que a nivel pastoral y, especialmente, sacramental, me sentía como una “sacristana de postín”, pero, al fin y al cabo, “sacristana”…porque no puedes administrar los sacramentos (sólo el bautismo y el permiso para que los curas pudieran casar), tienes que depender del cura de al lado para muchas cosas… y te sientes mal cuando, además, teniendo vocación sacerdotal todo queda en una especie de sucedáneo incompleto…

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Tiempo de inestabilidad

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Colleen Gibson

Colleen-Gibson“Es algo que tiene mucho sentido, ¿no?”. La dulce voz de una productora de radio me dijo por teléfono que nuestra conversación previa a la entrevista había terminado. Era una mujer de mi edad y se refería a una parte de la historia de mi vocación. Para ella, tenía pleno significado que mi sentido de la llamada creciera a medida que se acercaba el final de mis estudios previos a la graduación. “Después de todo”, dijo, “¿Qué podría ser más atractivo para un estudiante de último año que una forma estructurada de vida, la promesa de estabilidad en medio de una transición importante de lavida?”

Sus palabras quedaron flotando en el aire. Yo no estaba muy segura de cómo responder. En mis muchas reflexiones a propósito mi llamada a la vida religiosa, no se me había ocurrido la perspectiva de estabilidad y estructura. Sin embargo, su observación me llevó a considerarsi, tal vezinconscientemente, esto había formado parte de mi valoración de la vida religiosa.

Desde fuera, puede parecer que la vida religiosa ofrece una vida libre de los cambios sísmicos que se viven todos los días en el mundo hoy. Con sus estructuras y el estilo con que se forma a las nuevas hermanas, ¿cómo podría no ofrecer un sentido de estabilidad y continuidad a quienes llegan a ella? Seguramente, el convento debe de ser un refugio frente a los males del mundo, un lugar al que se puede entrar para huir, una huida de las difíciles decisiones y cambios de la vida –esto es lo que mi amiga periodista parecía estar diciendo.

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