por Manuel Cuéllar

Público (23-1-2018)

Helen PrejeanLa cruzada de la hermana Helen Prejean (Baton Rouge, Luisiana, 21 de abril de 1939) contra la pena de muerte se hizo mundialmente conocida gracias a Susan Sarandon. La actriz se metió en la piel de esta monja sureña perteneciente a la orden de San José en la película ‘Dead Man Walking’ (Pena de muerte), dirigida por Tim Robbins, interpretación que le valió el Oscar en 1995. Después, el compositor Jake Heggie la convirtió también en ópera. Esta obra se presenta el viernes en el Teatro Real; su estreno ha traído a esta enérgica y admirable mujer a Madrid, que no duda en denunciar el racismo enquistado en el sistema judicial de Estados Unidos.  

La cinta mostraba las experiencias de Prejean como consejera espiritual de un convicto en el corredor de la muerte y narra la paradoja espiritual que suponía para la religiosa encontrar la redención de un ser humano que había cometido un crimen atroz al tiempo que intentaba consolar a los familiares de las víctimas que exigían venganza. La película se basó en el libro de mismo título escrito por Prejean tras sus vivencias con Patrick Sonnier y Robert Lee Willie, dos hombres condenados -en casos distintos- a la pena capital por sendos delitos de violación y asesinato en el estado de Luisiana a principios de los años 80. El libro sirvió también para que el compositor Jake Heggie escribiera su primera ópera, que se estrenó en octubre de 2000 en San Francisco y que ahora el Teatro Real presenta en España este viernes, 26 de enero.

Por este último motivo la hermana Helen Prejean se encuentra en Madrid promocionando esta ópera, Dead man walking, que ella define como “uno de los mejores vehículos artísticos para contar su mensaje”. Una necesaria mezcla de la justicia, concordia, humanidad, redención y, sobre todo, una incansable búsqueda de la verdad, caiga quien caiga y por encima de cualquier Gobierno o estamento.

Es menuda, pero está llena de energía. Una sureña que presume de tenaz y tozuda. No aparenta en absoluto los 78 años que tiene y habla con la seguridad y el aplomo que imprime haber sido testigo, en primera fila, de la muerte calculada y legal de al menos seis seres humanos. Recibe a El Asombrario en una pequeña salita decorada en tonos rojos en el coliseo madrileño.

¿De dónde saca usted la fuerza para enfrentarse a todo esto en un país como Estados Unidos? ¿No flaquea nunca?

He acompañado a seis condenados a muerte y ahora estoy con el séptimo. Se llama Manuel Ortiz y es de El Salvador. [Ortiz está acusado de asesinar a su esposa y a una amiga de esta en octubre de 1992. Lleva 24 años en la cárcel de Angola, Luisiana, esperando en el corredor de la muerte. Nueve de ellos, tratando de revertir su condena].

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