Por Desveladas

 

03Se conoce como cerámica “de las monjas clarisas”, o simplemente “de las monjas” a un tipo de cerámica policromada, de origen colonial, con arabescos, relieves, adornos dorados y caracterizada, sobre todo, por su perfume. Se le llama así porque tuvo su origen en un convento de monjas clarisas.

De esta forma cuenta el origen y evolución de este tipo de cerámica un manuscrito mecanografiado que se custodia en la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile:

Cerámica de las monjas. Cerámica de un tipo especial, conocida hasta fines del siglo pasado en Santiago, que ya no se elabora. Era de fina confección, hermoso colorido y perfume característico. Se le conocía también con el nombre de “ollitas de las monjas”. Existe una colección muy completa de ella en el Museo Histórico Nacional.

Su origen parece derivarse de la fundación del monasterio de Santa Isabel, fundado en 1584 en Osorno, por las tres Isabelas: Isabel de Landa, Isabel de Palencia e Isabel de Jesús. Cuando Osorno fue tomado por asalto por los araucanos, en 1601, las monjas, en cuanto no cayeran prisioneras (como Francisca Ramírez: véase), se retiraron a Castro, desde donde continuaron más tarde la peregrinación al Norte, por mar, pero su buque naufragó en Concepción. Desde aquí pasaron a Valparaíso y finalmente, a San Francisco de El Monte, donde permanecieron algunos meses, hasta llegar a Santiago a fines de 1603 o principios de 1604. Años más tarde, al parecer en 1608, se instalaron en el sitio donde está ahora la Biblioteca Nacional, donde permanecieron hasta 1913. Para poder hacerlo, el rey les ayudó en 1607, por una vez, con $8.000 y con $400 anuales durante seis años; además, realizaron colectas en Lima y Santiago. En Santiago, el monasterio cambió el nombre de Santa Isabel por el de Santa Clara y el velo blanco por el negro.

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