María Helena, buscadora de la Luz

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Pilar García García

Color, luz, alas, transparencia, tierra, agua, ternura… Una pintora podría expresar esos elementos en un cuadro. Yo los miro y veo surgir de ellos, lentamente, una mujer: María Helena. Religiosa, abierta a la vida, a la angustia de la gente, a sus dolores y sus alegrías.

Apoyada en algo que la trasciende y que descubre en las mujeres, en el cosmos, en el fondo de ella misma. El Misterio, la Divinidad que la habita y la impulsa a la búsqueda comunitaria y sorora de una espiritualidad viva, holística, que nos acerca a la Totalidad, al Absoluto.

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La guerra secreta de sor Catherine

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Angelina Magnani

La guerra secreta de sor Catherine es el título español de Conspiracy of Hearts (“Conspiración de los corazones”), una película de 1960, dirigida por Ralph Thomas y protagonizada por Lili Palmer (madre Catalina), Sylvia Syns (hermana Mitya), Yvonne Mitchell (hermana Gerta) y Ronald Lewis (comandante Spoletti), cuyo argumento está basado en hechos reales. En España, el film se estrenó en 1961, en Valladolid, en la VI Semana de Cine Religioso y de Valores Humanos, pese a lo cual, cuando se proyectó en las salas comerciales, recibió la calificación moral de “No apto”. En Francia, la película recibió el sugerente título de Les conspiratrices (“Las conspiradoras”).

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Sor Juana Inés de la Cruz “Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz” (Fragmentos)

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Selección realizada por Catalina Cepeda

MUY ILUSTRE Señora, mi Señora: No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos días mi respuesta. ¿Qué mucho si, al primer paso, encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero (y para mí el más riguroso) es saber responder a vuestra doctísima, discretísima, santísima y amorosísima carta. Y si veo que preguntado el Ángel de las Escuelas, Santo Tomás, de su silencio con Alberto Magno, su maestro, respondió que callaba porque nada sabía decir digno de Alberto, con cuánta mayor razón callaría, no como el Santo, de humildad, sino que en la realidad es no saber algo digno de vos. El segundo imposible es saber agradeceros tan excesivo como no esperado favor, de dar a las prensas mis borrones: merced tan sin medida que aun se le pasara por alto a la esperanza más ambiciosa y al deseo más fantástico; y que ni aun como ente de razón pudiera caber en mis pensamientos; y en fin, de tal magnitud que no sólo no se puede estrechar a lo limitado de las voces, pero excede a la capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no esperado. […]

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