La última del cadalso

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Victoria Howell

El 17 de julio de 1794, durante la Revolución Francesa, fueron decapitadas en la guillotina dieciséis monjas carmelitas del monasterio de Compiègne. Su historia sirvió de marco a la novela de Gertrud von Le Fort, escrita en estilo epistolar, que vio la luz en 1932 bajo el título “Die Letzte am Schafott”, en castellano La última del patíbulo o La última del cadalso.

Aunque el libro de Gertrud von Le Fort es de gran calidad literaria, no se hizo realmente famoso hasta que George Bernanos lo adaptó para el teatro con el título Dialogues des carmélites (“Diálogos de las carmelitas”). La obra dramática, estrenada en 1952, tras la muerte de su autor, sirvió a Francis Poulenc para componer la ópera Les dialogues des carmélites (“Los diálogos de las carmelitas”) y escribir, con Emmet Lavery, el libreto de la misma. La ópera se estrenó en La Scala de Milán en 1957, y tres años más tarde, en 1960, se produjo la película Le dialogue des carmélites, traducida en castellano como Diálogo de carmelitas, dirigida por Philippe Agostini y Raymond Leopold Bruckberger y protagonizada, entre otras, por Jeanne Moreau.

La historia de las carmelitas de Compiègne es, por tanto, una de las que más versiones literario-artísticas ha generado, cada una de las cuales ofrece una mirada diferente sobre el relato y sus protagonistas. Por ese motivo, Desveladas irá analizando todas ellas, en momentos diversos, empezando por La última del cadalso, la primera, cronológicamente hablando, y desencadenante de todas las demás.

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Lucrina Fetti (Mujeres pintoras)

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xanarts.com

Lucrina Fetti (ca. 1590- ca.1650)

El ingreso en los conventos de mujeres con cualidades para el arte, o que tenían parientes artistas, no era un hecho extraordinario en la época de la Contrarreforma. Las monjas pintoras no sólo podían embellecer el convento con sus obras; también podían proveer ingresos a la institución con la realización de sus encargos. Tal fue el caso de una pintora manierista nacida bajo el nombre de Giustina Fetti, quien al ingresar a la orden del Convento franciscano de Sant’Orsola de Mantua, el 3 de diciembre de 1614, tomó el nombre de Suor Lucrina Fetti. Su fecha de nacimiento está calculada, basándose en ese dato, cerca del año 1590. Su padre fue un pintor poco conocido llamado Pietro Fetti y su hermano Domenico también fue pintor.

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María Helena, buscadora de la Luz

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Pilar García García

Color, luz, alas, transparencia, tierra, agua, ternura… Una pintora podría expresar esos elementos en un cuadro. Yo los miro y veo surgir de ellos, lentamente, una mujer: María Helena. Religiosa, abierta a la vida, a la angustia de la gente, a sus dolores y sus alegrías.

Apoyada en algo que la trasciende y que descubre en las mujeres, en el cosmos, en el fondo de ella misma. El Misterio, la Divinidad que la habita y la impulsa a la búsqueda comunitaria y sorora de una espiritualidad viva, holística, que nos acerca a la Totalidad, al Absoluto.

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La guerra secreta de sor Catherine

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Angelina Magnani

La guerra secreta de sor Catherine es el título español de Conspiracy of Hearts (“Conspiración de los corazones”), una película de 1960, dirigida por Ralph Thomas y protagonizada por Lili Palmer (madre Catalina), Sylvia Syns (hermana Mitya), Yvonne Mitchell (hermana Gerta) y Ronald Lewis (comandante Spoletti), cuyo argumento está basado en hechos reales. En España, el film se estrenó en 1961, en Valladolid, en la VI Semana de Cine Religioso y de Valores Humanos, pese a lo cual, cuando se proyectó en las salas comerciales, recibió la calificación moral de “No apto”. En Francia, la película recibió el sugerente título de Les conspiratrices (“Las conspiradoras”).

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Sor Juana Inés de la Cruz “Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz” (Fragmentos)

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Selección realizada por Catalina Cepeda

MUY ILUSTRE Señora, mi Señora: No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos días mi respuesta. ¿Qué mucho si, al primer paso, encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero (y para mí el más riguroso) es saber responder a vuestra doctísima, discretísima, santísima y amorosísima carta. Y si veo que preguntado el Ángel de las Escuelas, Santo Tomás, de su silencio con Alberto Magno, su maestro, respondió que callaba porque nada sabía decir digno de Alberto, con cuánta mayor razón callaría, no como el Santo, de humildad, sino que en la realidad es no saber algo digno de vos. El segundo imposible es saber agradeceros tan excesivo como no esperado favor, de dar a las prensas mis borrones: merced tan sin medida que aun se le pasara por alto a la esperanza más ambiciosa y al deseo más fantástico; y que ni aun como ente de razón pudiera caber en mis pensamientos; y en fin, de tal magnitud que no sólo no se puede estrechar a lo limitado de las voces, pero excede a la capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no esperado. […]

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