Alejandra Izquierdo: la fuerza del color y del diseño

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Por Desveladas

Murales 1

La benedictina Alejandra Izquierdo Menéndez, grabadora y pintora, nació en Santiago de Chile, el 12 de octubre de 1948.

Ingresó a la Escuela de Arte y Diseño de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Católica de Chile en 1966, donde se especializó en diseño gráfico. Paralelamente aprendió técnicas de dibujo, litografía y color en el Taller 99 de Grabado, donde recibió la influencia de Eduardo Vilches y Pedro Millar. Posteriormente viajó a Argentina a estudiar grabado en el taller de Ernesto Carcova, de la Escuela Superior de Bellas Artes de Buenos Aires, y cerámica en el Taller de Cerámica Maison d’Art de la capital argentina. Entre los años 1972 y 1973 viajó a España para estudiar en el Taller de Grabado y Profesorado de la Escuela de San Fernando de Madrid.

Durante sus estudios trabajó ilustrando publicaciones y enseñó arte y expresión en talleres infantiles.

El 8 de abril de 1983, la comunidad benedictina del Monasterio de San Pelayo de Oviedo fundó el Monasterio de la Asunción de Rengo, Chile, donde Alejandra Izquierdo ingresó poco después, aunque realizó el noviciado en el monasterio ovetense. Desde entonces, la artista ha trabajado la pintura religiosa de muy diversas formas, ilustrando libros, diseñando objetos religiosos y pintando murales. Especialmente significativo, por su envergadura, es su trabajo en la cripta del Santuario de Santa Teresa de los Andes, en Auco, Chile, donde pintó unos 300 m2 de murales en los que, entre otros temas, aparecen escenas de la vida y palabras de la santa chilena. En la actualidad, es la priora del Monasterio de la Asunción.

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El arte de Hildegarda de Bingen (o Dios, el Artista)

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Azucena Adelina Fraboschi

Hildegarda de Bingen (abadesa benedictina alemana, s. XII) es una interesantísima figura, tanto por su vida cuanto por su multifacética obra.

De esta obra haré tan sólo referencia a las que se conoce como una trilogía: Scivias (Conoce los caminos del Señor, 1141-51), Liber meritorum vitae (El libro de los méritos de la vida, 1158-63) y Liber divinorum operum (El libro de las obras divinas, 1163-74). Las tres recogen las visiones de la Sibila del Rin en torno a diversos temas, pero la primera y la tercera incluyen, además, bellísimas pinturas que aparecen como el medio de transmisión de los contenidos, y no sólo como una ilustración. Son, además, imágenes provenientes de diversos sentidos, riquísimas y muy elaboradas. El manuscrito de Scivias contiene treinta y cinco dibujos; el Liber divinorum operum, al que pertenece la pintura a que haremos referencia, presenta diez dibujos cuyas características difieren de aquéllos, debido en parte a las circunstancias de su producción. Pero todos ellos están referidos al texto, al que se subordinan.

En efecto, en Scivias Hildegarda habría bosquejado las líneas y los colores en el momento mismo de la visión, en sus tabletas de cera, al tiempo que dictaba el texto a su secretario Volmar. Luego, en otro tiempo, en el scriptorium de la abadía y con una mayor elaboración, se habría trabajado sobre pergamino, con otras dimensiones y otra ubicación en la página. Las formas geométricas no son regulares, no denotan el uso del compás o de la regla. Los colores son azul, verde, púrpura, rojo, según menciona el texto de las visiones, a los que se añaden otras tonalidades. Se destaca en Scivias el uso del color plata y el oro bruñido (III.1.2; 2; 3.1; 5; 13): extrañamente, porque la plata apaga, Hildegarda intenta representar también con el color plata la luz divina resplandeciente. Los dibujos son muy detallistas, sobre todo en las figuras. Y son a veces muy extraños. Los grotescos e híbridos que se encuentran en sus obras no reconocen precedentes. Así en III.11 –la Iglesia invadida por el Anticristo–, aparece en la parte superior una mujer orante coronada (la Iglesia), fusionada con un torso lleno de escamas, una monstruosa máscara genital “con ojos ardientes y orejas como de asno, y fosas nasales y boca como de león” y piernas desnudas sangrantes. Era común representar de tal suerte al demonio, pero ella aquí está figurando a la Iglesia, bien que acosada por la fornicación, la rapiña y otros vicios. También trató con criterio personal las formas arquitectónicas. En algunas pinturas hay como un plano, con murallas indicadas por líneas o por almenas. Las torres y las murallas almenadas pueden extenderse en todas direcciones (III.2), e incluso exceder el marco de la pintura, presentando ángulos que se interrumpen; las figuras pueden hallarse en posición invertida, cabeza abajo (III.3.1).

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La novicia

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Por Francisca Carlota del Riego Pica

Francisca Carlota del Riego Pica fue una poetisa y narradora del siglo XIX, de cuya biografía poco se sabe, aunque desarrolló una interesante y variada obra literaria, pues colaboró asiduamente en periódicos y revistas de su época, con artículos, poemas e, incluso, escribió varias novelas, publicó su correspondencia con Rafael Eugenio Sánchez, a propósito de La misión de la mujer, y participó en volúmenes de autoría colectiva, como Las españolas, americanas y lusitanas pintadas por sí mismas, donde incluyó dos semblanzas, “La lavandera” y “La novicia”, que es la que se ofrece en esta sección.

En “La novicia”, Francisca Carlota del Riego describe las reflexiones que le suscita contemplar la entrada de una joven en un convento. Es un texto del siglo XIX (se ha respetado la ortografía de la edición original), con un lenguaje que suena anticuado y con ideas que, aparentemente, pueden parecer caducas, pero que, analizadas con un poco de detenimiento, dan cuenta no solo de muchos prejuicios que todavía hoy pesan sobre la vida religiosa, especialmente monástica y contemplativa, sino que encierran una crítica, tan dura como solapada, a la fuga mundi, a una forma de entender la vida religiosa como evasión, tan real en algunas ocasiones, como dañina para la misma vida religiosa.

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Narciso Negro

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Angelina Magnani

Narciso Negro (Black Narcissus) fue escrita y dirigida en 1947 por Michael Powell y Emeric Pressburger, que se basaron en la novela del mismo título de la escritora Rumer Gorden. Todas las críticas coinciden en que se trata de un film con enorme poder visual. Tanto Powell como Pressburger mostraron en todos sus trabajos un interés especial por la fotografía. Y Narciso Negro no fue una excepción, pese a haber sido rodada casi enteramente, con apenas unas pocas escenas en exteriores, en los estudios ingleses de Pinewood. De hecho, es una cinta que destaca especialmente por el extraordinario tratamiento de los colores, por la sobresaliente calidad de sus decorados y pinturas monumentales y por su fotografía, de la que fue responsable Jack Cardiff, quien logró unos colores capaces de expresar las pasiones humanas y de cambiar según los personajes y el desarrollo de la historia. Cardiff ganó con Narciso Negro su único Oscar y la película también fue premiada con el Oscar a la Mejor Dirección Artística.

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