desveladas

Música de encuentro

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Ain Karem (1)

(Virginia Félix CCV, Yolanda Moreno CCV, Puy Araujo CCV)

Revista CONFER, 219 (2018), 437-445

«Precisamente en este espíritu de estima profunda por la belleza, la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia había recordado la histórica amistad de la Iglesia con el arte y, hablando más específicamente del arte sacro, “cumbre” del arte religioso, no dudó en considerar “noble ministerio” a la actividad de los artistas cuando sus obras son capaces de reflejar de algún modo la infinita belleza de Dios y de dirigir el pensamiento de los hombres hacia Él».

“En el canto, la fe se experimenta como exuberancia de alegría, de amor, de confiada espera en la intervención salvífica de Dios”.

“Os deseo, artistas del mundo, que vuestros múltiples caminos conduzcan a todos hacia aquel océano infinito de belleza, en el que el asombro se convierte en admiración, embriaguez, gozo indecible”.

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Nos invitan a escribir unas palabras sobre vida religiosa y creación de belleza. Intentaremos nuestra sencilla aportación, fundamentalmente, desde la experiencia de llevar 16 años cantando Palabra de Dios, que quiere ser en nosotras siempre viva y siempre nueva. Esta experiencia que vamos a compartir con vosotros se enmarca en Ain Karem 4, un proyecto de evangelización de las HH Carmelitas de la Caridad Vedruna que surgió en el año 2002 con el objetivo de anunciar la Buena Noticia de Jesús, el Señor, a los jóvenes.

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(1) Grupo musical de religiosas

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Entrevista a la teóloga y artista Mercedes Navarro

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revistadepastoraljuvenil.es

En este número vamos a cambiar de registro. Hasta ahora hemos presentado unos grupos de música, en esta ocasión os presentamos una artista gráfica y poeta. Ella es Mercedes Navarro mercedaria de la caridad, más conocida por su perfil de doctora en Psicología y Teología y licenciada en Ciencias Bíblicas. Autora de numerosos libros, cofundadora y miembro de varias asociaciones teológicas feministas. Ha sido reconocida su labor con el premio Fundación Herbert-Haag en 2017 a la libertad religiosa.

Su biografía es extensa y muy interesante, por lo que además de su vertiente artística no queremos perder la oportunidad para que nos hable de otros temas.

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Coge el pincel, y con él danos unas pinceladas de tu vida, tu vocación mercedaria, tu opción por los pobres, …

Nací en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1951 y en 1968 ingresé en el noviciado de las Mercedarias de la Caridad en Cájar (Granada). La revolución del 68 me dejó tocada para siempre.

He tenido una vida rica y compleja, hacia dentro y hacia fuera, porque la libertad, que es un pilar de mi carisma (junto con el amor), no es fácil de aprender ni de vivir. Ha sido en la congregación donde he aprendido la libertad y donde hemos crecido juntas, ella y yo, a veces en armonía y otras muchas en tensión y en batalla abierta.

Desde muy niña tengo conciencia de las injusticias en relación con los géneros, pero me uní al movimiento feminista a finales de los 70, en Salamanca, mientras estudiaba Psicología. Luego dejé la militancia, pero de ninguna manera el feminismo, entendido como esa cosmovisión que percibe en alta fidelidad la pirámide del patriarcado como un sistema de multiplicación de injusticias, en cuyos escalones últimos (de cada estrato) se encuentran las mujeres. Es una cosmovisión profundamente crítica, pero también constructiva y creativa, llena de propuestas liberadoras y, por ello, igualitarias. Por eso es tan revolucionario el feminismo y produce tanto malestar, sobre todo a los aparatos de poder. Obvia decir que lo mismo que hay mujeres machistas y patriarcales, hay hombres feministas, aunque no abundan mucho por desgracia. No puedo separar mi feminismo de la lectura y estudio de la Biblia, sobre todo de los Evangelios y, en particular, de Marcos que es mi preferido. El feminismo es para mí un humanismo cristiano de alta calidad, que vivo como mercedaria.

Estudié la especialidad de Biblia (en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma) porque deseaba tener acceso a los textos en sus idiomas originales e instrumentos para poder estudiarlos e interpretarlos yo misma. Soy exegeta feminista y mis libros y están escritos en esa perspectiva. Es mi manera de ser fiel al mensaje igualitario, universal, liberador y amoroso de Jesús. Llevo toda mi Vida Religiosa comprometida con las mujeres como causa de lo humano y lo he expresado de muchas maneras, aunque desde hace mucho esa expresión pasa mayoritariamente, no exclusivamente, por la tarea intelectual. De hecho, estuve varios años trabajando como psicóloga en un centro de discapacitadas psíquicas y ejerzo como psicóloga clínica desde hace más de 30 años, la mayor parte de las veces con mujeres.

Me apasiona la música. Formé y dirigí un coro de cien personas en Villacarrillo (Jaén) y otro más pequeño, infantil, en Consuegra (Toledo), con el que grabé un disco en el varias canciones fueron compuestas por mí. Era el año 1978 y por entonces yo componía canciones. Tengo mucho que agradecer a D*s y a mis hermanas de congregación. Mucho que agradecer a mis amigas y algunos amigos, a mi familia y a la vida, don divino y don humano acumulado durante millones de años hasta hoy y hasta aquí. Hasta mí. Gratuitamente.

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Madre superiora

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Tamara de Lempicka

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Tamara de Lempicka (Varsovia, 16 de mayo de 1898 – Cuernavaca, México, 18 de marzo de 1898) pintó este cuadro en un momento muy difícil de su vida. Nada mejor que sus palabras para describir el proceso que le llevó a crear esta obra:

“Yo estaba muy deprimida… Me iré a un convento católico y me haré monja. Entonces podría pintar. Pero no quiero exponer, no quiero ver a nadie, no quiero tener éxito. Depresión, depresión nerviosa. Yo estaba en Italia, en Salsomaggiore. Y pregunté: «¿Dónde está el convento?» Y me dijeron: «Aquí, en Parma, cerca de Salsomaggiore» [Encontró el convento y conoció a las monjas.] Y me dijeron: «Siéntese, hija mía.» Me hizo mucho bien que me llamaran «hija mía». Yo estaba muy deprimida. Esperé, quizá, diez minutos, quizá veinte, no lo sé. Mucho rato. Después una señora mayor se acercó a la mesa y era ella. Era la madre superiora… Dijo: «Viens mon enfant… hija, la madre superiora está aquí.» [Le dije que] me llevara al convento. Pero de pronto me entraron ganas de pintar aquel rostro fantástico, la expresión de aquella mujer. Sus ojos eran de sufrimiento. No dije nada y me fui. Me fui sin decir palabra. Mi marido y yo estábamos a punto de salir para Norteamérica. Y cuando llegamos a Norteamérica, dije a mi marido: «Quiero pintar. No tengo estudio. Tengo que alquilar un estudio.» Y él dijo: «¿No puedes pintar aquí en el hotel?» Yo le dije: «No, no puedo.» Y a través de unos amigos pintores alquilé un estudio en Nueva York. Era la primera vez que iba a Nueva York. Y todos los días iba a aquel estudio viejo y sucio. Un sitio pobre / pero con buena luz. Cogí una silla como ésta. Cogí un trozo de tela negra y otro de tela blanca. Y la vi a ella… La madre superiora estaba allí. Sentada en la silla. Y yo hablaba con ella. Le decía: «La cabeza… un poco más a la izquierda… Muchísimas gracias, descansemos.» Me volví loca. Hablaba con ella, me figuraba que la tenía allí. Era como una luz. Yo la pintaba y hablaba con ella. Y mi marido decía: «Pero ¿dónde estás metida todo el día?» Yo le dije: «No te preocupes, estoy trabajando, estoy trabajando. Pasé tres semanas trabajando en esta pintura. Me parecía tenerla allí conmigo. Y a las tres semanas llegué al hotel con aquel cuadro pequeño y lo dejé en la habitación. Y dije a mi marido: «Voy a meterme en la cama. Si quieres verla, aquí tienes la pintura que he hecho.» Y me metí en mi dormitorio, cerré los ojos y no quise pensar en nada. Él estaba mirando la pintura y después entró en la habitación con lágrimas en los ojos. Y dijo: «Ahora veo en qué estabas trabajando. Has hecho la mejor pintura de tu vida.» Expuse la pintura y todos los museos querían comprarla.” (CLARIDGE, Laura. Tamara de Lempicka: una vida de déco y decadencia. Barcelona: Circe, 2001, pp. 217-218)

 

Las cartas de profesión del convento del Císter de Málaga: un documento entre la devoción, el derecho y el arte

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Rosario Camacho Martínez

Dialnet-LasCartasDeProfesionDelConventoDelCisterDeMalaga-1180047En el ámbito de las relaciones sociales en la Edad Moderna las mujeres ocupan un espacio relevante en la construcción de la sociedad, predominantemente en el interior de dos perímetros: la familia y el convento, ámbitos que no se contraponen, sino que se unen por un denso intercambio de funciones. Pero también el convento supone aislamiento, la clausura física se transforma en un universo aislado del estímulo exterior, y para alcanzar la satisfacción de esta espiritualidad el único camino es el de la mística, que logran los que con libre voluntad y amor a Dios obtienen de éste la gracia de la contemplación.

La razón fundamental por la que una mujer entraba en religión era, y es, la vocación, la atracción espiritual por la vida de oración, común o privada, penitencia, caridad, contemplación y unión mística con Dios; por tanto, el acceso a un monasterio era elegido libre y voluntariamente. Pero en la España del antiguo régimen también otras razones matizaban o suplían a la citada, como que el estado religioso se consideraba superior al de casada y era fomentado tratando de mostrar sus ventajas frente a los inconvenientes de la vida de casada, de ahí que también muchas indecisas optaran por la vida religiosa, porque el convento se había convertido en el espacio ideal para salvaguardar la honestidad y la virginidad de las jóvenes, que la sociedad tenía en la más alta consideración. La castidad era prenda de virtud, demasiado valiosa para ser dejada al cuidado de «esa cosa frágil y deleznable que llamamos mujer», clara expresión del pensamiento misógino de la época, por mucho que sea una cita de Fray Luis de León.

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Monjas músicas y música de monjas en los conventos franciscanos de Toledo, siglos XVI-XVIII

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Colleen R. Baade

De los veinte monasterios femeninos que se hallaban en la ciudad de Toledo a principios del siglo XVI, eran seis los que pertenecían a la orden de San Francisco y Santa Clara. La primera comunidad toledana de monjas franciscanas tuvo sus orígenes en un convento extramuros, cuya escritura fundacional data de mitades del siglo XIII; un siglo más tarde las monjas del convento de Santa María y San Damián se trasladaron a las casas que todavía ocupa el actual Monasterio de Santa Clara la Real, cuya fecha de fundación se fija en 1373. Una segunda fundación real de franciscanas, bajo la advocación de Santa Isabel de Hungría, se efectuó poco más de un siglo después, en 1477. El Monasterio de Santa Isabel de los Reyes –el que también persiste hasta nuestros días– fue seguido en 1492 por San Miguel de los Ángeles, suprimido este último en 1851. Finalmente, a principios del siglo XVI el número se completó con tres fundaciones de monasterios de franciscanas terciarias -Santa Ana (1513), San Antonio de Padua (1514) y San Juan de la Penitencia (1514)-de los que únicamente sobrevive la segunda. Para cinco de estos conventos –con excepción del convento de Santa Ana– existen pruebas de una actividad musical significativa durante la Edad Moderna[1].

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[1] Fuente: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3713982

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