Rosario Camacho Martínez

Dialnet-LasCartasDeProfesionDelConventoDelCisterDeMalaga-1180047En el ámbito de las relaciones sociales en la Edad Moderna las mujeres ocupan un espacio relevante en la construcción de la sociedad, predominantemente en el interior de dos perímetros: la familia y el convento, ámbitos que no se contraponen, sino que se unen por un denso intercambio de funciones. Pero también el convento supone aislamiento, la clausura física se transforma en un universo aislado del estímulo exterior, y para alcanzar la satisfacción de esta espiritualidad el único camino es el de la mística, que logran los que con libre voluntad y amor a Dios obtienen de éste la gracia de la contemplación.

La razón fundamental por la que una mujer entraba en religión era, y es, la vocación, la atracción espiritual por la vida de oración, común o privada, penitencia, caridad, contemplación y unión mística con Dios; por tanto, el acceso a un monasterio era elegido libre y voluntariamente. Pero en la España del antiguo régimen también otras razones matizaban o suplían a la citada, como que el estado religioso se consideraba superior al de casada y era fomentado tratando de mostrar sus ventajas frente a los inconvenientes de la vida de casada, de ahí que también muchas indecisas optaran por la vida religiosa, porque el convento se había convertido en el espacio ideal para salvaguardar la honestidad y la virginidad de las jóvenes, que la sociedad tenía en la más alta consideración. La castidad era prenda de virtud, demasiado valiosa para ser dejada al cuidado de «esa cosa frágil y deleznable que llamamos mujer», clara expresión del pensamiento misógino de la época, por mucho que sea una cita de Fray Luis de León.

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