Tag Archives: Vida religiosa y cambios

Crecen los asociados a las congregaciones en USA

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Isabel Gómez-Acebo

Blog Cajón de ilusiones (21.rs)

Cuenta Conni Dubick que cuando descubrió la comunidad de las Hermanas Dominicas de la Paz se dio cuenta de que era lo que estaba buscando desde hacía muchos años. La aceptaban como mujer no consagrada pero con un compromiso público, la permitían seguir en su trabajo en una universidad y a la vez llenar su vida de una espiritualidad profunda. La mayoría de este colectivo de asociados, aunque no hacen votos, se comprometen por uno o dos años, que se pueden renovar y de hecho la mayoría lo hace.

Este camino lo ha descubierto mucha gente. Un estudio del Center for Applied Research in the Apostolate (CARA) demuestra que su número en los Estados Unidos ha crecido de los 25.000 en el año 2000 a 35.000 al día de hoy, lo que supone un incremento del 40 por ciento. Incluso se han permitido el lujo de celebrar una convención North American Conference of Associates.

Es una nueva manera que los laicos han encontrado de vivir su vida cristiana acogidos por una congregación religiosa porque combina lo mejor de los mundos, el religioso y el laico. Los religiosos ofrecen su ejemplo y su vida mientras que aprenden de la existencia que discurren los laicos. Es una sugestiva vocación que nace en el seno de la Iglesia y que se adapta a los signos de los tiempos y cuyos números seguirán creciendo en la medida que se vayan conociendo, pues hoy es el mejor secreto guardado de la Iglesia. ¿Por qué será?

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Religiosas, rompiendo esquemas

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Por María Ángeles López Romero

21: la revista cristiana de hoy

img6530-3-2Aún sufren estereotipos, soportan bromas de mal gusto, son subalternas, se las trata con diminutivos peyorativos y se las tutela. Pero ya no son monjitas sumisas y dóciles. Con o sin hábito, dentro y fuera de conventos y monasterios, las religiosas españolas rompen los esquemas, se rebelan, están preparadas para asumir nuevas tareas de responsabilidad en la Iglesia y acceder a los puestos de decisión. Han alcanzado la mayoría de edad y hablan desde la libertad.

Monjitas. No es difícil escuchar este término diminutivo cargado de connotación despectiva para denominar a las religiosas. No importa que sean muchas: 37.012 miembros en toda España repartidas en 302 congregaciones y asociaciones de vida apostólica, frente a los 11.472 religiosos de 106 instituciones masculinas. Que sean sobradamente adultas. Que entre ellas haya muchas mujeres bien preparadas, teólogas, profesoras, psicólogas, doctoras, escritoras, pintoras… y un largo etcétera de actividades en las que se desarrollan como personas. Aún tienen que soportar éste y otros estigmas. Monjita, monjil, monjona…

“Se nos ridiculiza y se nos caricaturiza como mujeres bastante ingenuas, serviles, alejadas de la realidad y encerradas en nuestro mundo”, reconoce la vicepresidenta de la Conferencia Española de Religiosos (Confer), Margarita Bofarull. Y aunque piensa que la realidad se va imponiendo a los estereotipos, todavía se oye decir cosas como que “las monjas son complicadas porque soportan dos reglas: la de las mujeres y la de su orden”. O que “las monjas se casan con Dios porque no hay dios que se case con ellas”.

“Ay, nos duelen esas expresiones despectivas que escuchamos. Como también nos duele que la gente se sorprenda de que una persona ‘normal’ esté en un convento. Parece que tenemos que ser tontas o que nos haya dejado el novio. No fue porque lo decidieron mis padres, ni por mi incapacidad mental, ni por ser poco agraciada por lo que estoy aquí. Somos personas normales”, arguye Mª Teresa Pandelet, abadesa del convento de las clarisas Santa María de Jesús de Ávila. Hablar con esta sevillana de 60 años rompe los esquemas. Nada que ver con una mujer sumisa, dócil o sometida. Nada que ver con la escena de monjas limpiando el altar ante un montón de hombres, sacerdotes y obispos, mirando, que escandalizó a la opinión pública durante la visita de Benedicto XVI a Barcelona en 2010 para consagrar la Sagrada Familia.

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Hemos contribuido al nacimiento de una nueva forma de vida religiosa

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 Sandra M. Schneiders

Sanda M. Schneiders, perteneciente a las Siervas del Corazón de María de Monroe, Michigan, profesora de Nuevo Testamento y Espiritualidad cristiana en la Escuela Jesuítica de Teología de Berkeley, California)

Nota del editor: Cuando el Vaticano anunció en enero que había un proyecto de estudio de los institutos religiosos femeninos en los EstadosUnidos, muchas religiosas se sorprendieron. Las reacciones fueron variadas, desde las que daban la bienvenida a la investigación hasta las que sentíandesazón.

La hermana Sandra M. Scheiders compartió pensamiento con algunas compañeras y amigas en un correo que no se hizo para ser publicado. A pesar de todo la carta se hizo pública y National Catholic Reporter recibió algunas peticiones para su publicación. Nos pusimos en contacto con la hermana Schneiders y ella nos dio permiso para compartir su carta con nuestros lectores.

Nota de la autora: Lo que sigue nunca fue pensado para ser publicado. Fue una respuesta espontánea en una conversación mantenida por correo electrónico con algunas compañeras. Se hizo pública, así que he hecho algunos cambios [entre corchetes] para clarificar algunas referencias a los lectores que no están familiarizados con el tema que se trata.

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Lo mejor del concilio

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Dolores Aleixandre
www.feadulta.com

Cuando empezó el Concilio yo llevaba una cofia almidonada de campesina borgoñona del s. XVIII que sobresalía por los lados y sólo me permitía mirar de frente. Al acabar el Concilio, la habíamos cambiado por otra que se ajustaba a la cabeza y hacía ya posible una mirada panorámica: todo un símbolo de la ampliación de visión y ensanchamiento de horizontes que se vivía a nivel eclesial.

Lo mejor del Concilio creo que fue permitirnos vivir la experiencia de que lo que parecía inmutable, mutaba, lo atado se desataba y lo petrificado se derretía. Y eso grabó en nuestras conciencias la convicción de que lo esencial del Evangelio es muy poco y casi todo lo demás es cuestionable, reversible y adaptable.

Se desmoronaban las murallas de la Jericó eclesial y se invitaba a todos pasear por sus parques y avenidas: la llamada a la santidad dejaba de ser propiedad privada de clérigos y religiosos y se convertía en una vocación universal que nos igualaba a todos.

La Biblia, considerada libro sagrado e inaccesible en vitrinas herméticas, se convertía en Palabra viviente, se instalaba en la mesa camilla de nuestra casa y viajaba con nosotros en transporte público. La liturgia se sacudía las sandalias de tanto polvo de rituales arcanos y vestimentas extrañas y la Eucaristía volvía a ser Pan roto y compartido que circulaba en la comunidad de hermanos y hermanas.

¿Lo peor? La falta de estrategias pedagógicas para explicar los cambios y un optimismo demasiado ingenuo y poco previsor: impidió calcular el poder que iban a seguir ejerciendo los sectores reacios al Concilio que, con la curia vaticana a la cabeza, ejercían mando en plaza y tenían en su mano la palanca del freno.

¿Qué cambió?

Dejar de mirar el mundo alejándose irremisiblemente de Dios y amenazando a la Iglesia: nos invitaron a contemplarlo confiando en la presencia fiel de Dios y de su amor irrevocable a la humanidad.

Llamar a la Iglesia “Pueblo de Dios” consiguió que le caducara el código de barras al anterior “modelo piramidal”. Esta nueva imagen conecta tanto con la propuesta evangélica de circularidad fraterna (en la que la silla del Padre vacía, en expresión feliz de Carlos Domínguez) que sigue manteniendo su poder de atracción a pesar de los intentos de sofocarla.

Ha emergido la dignidad de la conciencia, con la belleza de Eva en el jardín de la creación y han salido huyendo como sabandijas un sin fin de normas, rúbricas, prescripciones y observancias inverosímiles que se habían ido colando por las rendijas de la praxis cristiana.

Habían ejercido su ridículo poderío más tiempo del conveniente con la ventaja para el estamento clerical de que dejaban en sus manos el control de las conciencias: no hay más que recordar aquellas confesiones del “sonsáqueme, padre”, respondiendo a preguntas infames tipo “cuántas veces” y “con quién” que le amargaron la infancia a más de uno.

Ahora intentan volver a colarse y unos cuantos estarían encantados de su retorno, pero la conciencia cristiana adulta se ha enderezado como aquella mujer encorvada del Evangelio: ya no estamos dispuestos a perder el estatuto de los hijos para recaer en la sumisión de los siervos o en el infantilismo de los menores de edad.

En cuanto a los frenos y retrocesos y más allá de la responsabilidad de la jerarquía, que tiene su cuota, también otros hemos puesto trabas al fluir del torrente conciliar. La generación de los que vivimos aquellos cambios corremos el peligro de sacralizarlos sin admitir que se pongan en cuestión. Tenemos que ser más flexibles y estar dispuestos a someter a discernimiento los “formatos” en que hemos vivido el Concilio, aceptando que muchos de ellos necesitan de nuevo “aggiornamento”.

Pobres de nosotros si nos volvemos tan “ultras” como los que, del otro lado, se cerraron y se siguen cerrando a moverse de sus posturas.

Dolores Aleixandre

El Ciervo, Octubre 2012

Las monjas franciscanas, el ‘Pepito Grillo’ de las grandes corporaciones estadounidenses

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Con sus ahorros, se convierten en accionistas con derecho a voz, y obligan a los directivos de las multinacionales de Wall Street a escuchar sus suaves pero implacables reproches instándoles a realizar una gestión empresarial y económica más ética

ForumLibertas.com

Esta semana, el The New York Times se ha hecho eco de una iniciativa de la hermana franciscana Nora Nash y sus compañeras religiosas por medio de la cual obligan a los despachos de las grandes corporaciones de Wall Street a escuchar sus suaves pero implacables reproches sobre la gestión empresarial y económica que están llevando a cabo.

El mecanismo que utilizan estas hermanas franciscanas consiste en adquirir participaciones de empresas para intervenir en sus juntas de accionistas. De esta manera, por un coste relativamente bajo, se tiene la posibilidad de hablar cara a cara con aquellos que toman las decisiones contra las que se quiere protestar, a menudo personas que preferirían no tener esa conversación.

De hecho, numerosos grupos de protesta, como los propios indignados que centran sus manifestaciones en Wall Street han querido interpelar a las grandes corporaciones por su responsabilidad en la crisis económica actual sin demasiado éxito. Sin embargo, Nora Nash y sus compañeras religiosas ya estaban allí mucho antes de que ellos llegaran y con métodos más efectivos.

Visitas a Goldman Sachs, British Petroleum y Lockheed Martin

Esta monja de pelo cano y modales educados se ha convertido en los últimos años en la visitante más extravagante de los despachos de grandes corporaciones. Goldman Sachs, British Petroleum y Lockheed Martin, entre otros, se han visto obligados a escuchar sus suaves pero implacables reproches, tal y como refleja el artículo de The New York Times y que recoge El Confidencial.

La iniciativa de las franciscanas se trata de una práctica que nació en Estados Unidos a mediados de los años ochenta y que últimamente también ha adquirido notoriedad en España por medio de SETEM, una organización que ha alzado la voz en juntas de accionistas de bancos y grandes empresas españolas para lanzar campañas como la llamada “BBVA sin armas”, que condena las inversiones del banco en armamento.

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