Thomas C. Fox

National Catholic Reporter

Kane_1Sin duda, fue la petición más importante realizada a un papa en los tiempos modernos. En 1979, la Hermana de la Misericordia Theresa Kane, que era presidenta de la Leadership Conference of Women Religious (LCWR), después de consultarlo con unos/as cuantas/os amigas/os, decidió preguntarle al Papa Juan Pablo II, durante su primera visita a los Estados Unidos, por el acceso de las mujeres a todos los ministerios de la iglesia.

La historia de esta petición está grabada en las mentes de todos los católicos reformistas del mundo. No fue solo la petición en sí misma, sino sobre todo la directa, sencilla, respetuosa y confiada actitud de Kane la que captó la atención de todo el mundo. Nadie hasta ese momento había tratado al papa como a un igual. La percepción católica cambió aquel día en la basílica de Washington D.C.

En el breve discurso de Kane, dio la sensación de que la balanza del género cambiaba de manera apreciable en el catolicismo romano. Si, o como las mujeres llamadas a la ordenación dicen a menudo, cuando tenga lugar en la iglesia la primera ordenación lícita de una mujer sacerdote, este acto sacramental estará inexorablemente unido a una Hermana de la Misericordia.

“Hemos escuchado el poderoso mensaje de nuestra iglesia sobre la dignidad y el respeto a todas las personas”, dijo Kane al Papa Juan Pablo aquel día mientras el miraba al frente con rostro pétreo. “Como mujeres, hemos reflexionado estas palabras. La iglesia debe responder posibilitando que las mujeres, como personas que son, accedan a todos los ministerios”.

Tres décadas y media después, las palabras de Kane resuenan en todo el mundo mientras mujeres (y hombres) se reúnen para reflexionar sobre lo que consideran inevitable, una iglesia inclusiva que pueda ofrecer plena justicia a un mundo hambriento de justicia: la ordenación de la mujer.

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