Por Ana Muñoz

Jot Down Cultural

El día que hablo con Chiara Giorgetti —italiana, treinta y dos años— hace calor en Barcelona y ella tiene el cabello recogido bajo el hábito. Como para muchas religiosas, la enseñanza es una parte de su labor: fue maestra de primaria en Lanzarote, una de las islas españolas en el mapa africano, y hoy imparte clases en un colegio catalán. Pero su sueño, desde muy pequeña, es construir escuelas cristianas en África, en Asia, en América. Dejarlo todo. Viajar como misionera, ser misionera para viajar. Miro de reojo su frente, busco el nacimiento del cabello que asoma debajo del hábito. Hace un año que Chiara no recibe quimioterapia.

Solo los santos, dice la Iglesia católica, pueden interceder ante Dios para que ocurra un milagro en la Tierra. Un milagro es la prueba de su santidad desde el más allá, dicen los creyentes. Pero la Iglesia olvida los milagros del más acá. Sin ir más lejos, en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona el milagro de la ciencia ha regalado a Chiara, hasta la fecha, dos años y ocho meses: once meses por encima del promedio que cita la American Cancer Society.

Las pacientes pronto aprenden que existe un interrogante al final de cada certeza. El cáncer te roba los planes del día siguiente, de la semana siguiente, del mes que viene. El cáncer te roba la normalidad. Si las cosas van bien —y bien quiere decir que el cáncer está localizado en la mama, en los ganglios, no más allá— volverán a hacer planes para el verano, la década que sigue, la vejez.

Chiara ha cambiado diez veces de tratamiento. Ahora está en un ensayo clínico. Tiene una mutación genética que le hace resistente a los medicamentos y este ensayo inhibe dicha mutación. Es a ella, y a las demás, a quien debemos agradecer por el avance de la medicina. Quizá Chiara hoy pruebe un fármaco que otra de nosotras necesite mañana.

Pero el diagnóstico fue despiadado desde el principio: cáncer de mama inflamatorio. Un tipo raro y agresivo de cáncer, que en una de cada tres personas se propaga de la mama a otras partes del cuerpo. Desde entonces, cada día, cada semana, cada mes es un regalo, una esperanza, un milagro.

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