Hemos contribuido al nacimiento de una nueva forma de vida religiosa

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 Sandra M. Schneiders

Sanda M. Schneiders, perteneciente a las Siervas del Corazón de María de Monroe, Michigan, profesora de Nuevo Testamento y Espiritualidad cristiana en la Escuela Jesuítica de Teología de Berkeley, California)

Nota del editor: Cuando el Vaticano anunció en enero que había un proyecto de estudio de los institutos religiosos femeninos en los EstadosUnidos, muchas religiosas se sorprendieron. Las reacciones fueron variadas, desde las que daban la bienvenida a la investigación hasta las que sentíandesazón.

La hermana Sandra M. Scheiders compartió pensamiento con algunas compañeras y amigas en un correo que no se hizo para ser publicado. A pesar de todo la carta se hizo pública y National Catholic Reporter recibió algunas peticiones para su publicación. Nos pusimos en contacto con la hermana Schneiders y ella nos dio permiso para compartir su carta con nuestros lectores.

Nota de la autora: Lo que sigue nunca fue pensado para ser publicado. Fue una respuesta espontánea en una conversación mantenida por correo electrónico con algunas compañeras. Se hizo pública, así que he hecho algunos cambios [entre corchetes] para clarificar algunas referencias a los lectores que no están familiarizados con el tema que se trata.

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La geopolítica del secreto

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Ivone Gebara
Escritora, filósofa y teóloga
Adital
[Traducción para ADITAL: Ricardo Zúniga – ricardozunigagarcia@gmail.com]

Transcurridas las primeras horas del impacto por la elección del Cardenal Bergoglio de Buenos Aires, de las primeras emociones por tener un Papa latinoamericano con expresión amable y cordial, la vida presente nos invita a reflexionar.

A pesar de su valor, los medios de comunicación también tienen el poder de distraer y adormecer las mentes, de impedir que las preguntas críticas afloren en la reflexión de la personas. En estos dos últimos días previos a la elección papal, muchas personas en Brasil y en el mundo fueron ‘tomadas’ por las emisiones en vivo y directas desde Roma. Sin duda, acontecimientos históricos como los vividos estos días ¡no se repiten todos los meses! Pero ¿por qué esos fuertes intereses de las grandes empresas de telecomunicaciones por transmitir cada detalle de la elección del nuevo Papa? ¿A quién sirven los millones de dólares gastados en las transmisiones sin interrupción hasta la llegada del humo blanco? ¿De qué lado están esos intereses? ¿Qué intereses tiene el Vaticano para hacer posible y facilitar estas transmisiones? Estas preguntas, tal vez inútiles para el gran público, siguen siendo significativas para algunos grupos preocupados por el crecimiento de la conciencia humanista de muchos/as y de nuestra propia conciencia.

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La elección de un nuevo Papa y el Espíritu Santo

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Ivone Gebara, www.adital.com.br

Después de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana se sucedieron entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el país. Sin duda un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de variados tipos, sobre todo de sospechas, intrigas y conflictos entre los muros del Vaticano que habrían acelerado la decisión del Papa.

En el contexto de las primeras noticias, lo que me llamó la atención fue algo a primera vista pequeño e insignificante para los analistas que tratan asuntos del Vaticano. Se trata de la forma como algunos padres entrevistados, o sacerdotes conductores de programas de televisión, respondieron cuando se les preguntó sobre quién sería el nuevo Papa, saliendo por la tangente. Se referían a la inspiración del Espíritu Santo, o a su voluntad, como siendo el elemento del que dependía la elección del nuevo romano pontífice. Nada de pensar en personas específicas para responder a las situaciones mundiales desafiantes, nada para despertar una reflexión en la comunidad, nada de hablar de los problemas actuales de la iglesia que la han llevado a un significativo marasmo, nada que escuchar los clamores de la comunidad católica por la democratización de las estructuras anacrónicas que sostienen a la iglesia institucional.

La formación teológica de estos padres comunicadores no les permite salir de un discurso trivial y abstracto ya bien conocido, discurso que continúa recurriendo, como explicación, a fuerzas ocultas, y así, de cierta forma, confirmar su propio poder.

La continua referencia al Espíritu Santo a partir de un misterioso modelo jerárquico es una forma de camuflar los verdaderos problemas de la Iglesia y una forma de retórica religiosa para no revelar los conflictos internos que ha vivido la institución.

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Ante el momento presente, comunicado de la CONFER

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CONFERENCIA ESPAÑOLA DE RELIGIOSOS, confer@confer.es
MADRID.

ECLESALIA, 16/11/12.- Los religiosos y religiosas de España, reunidos estos días en Asamblea General como CONFER y representando a la Vida religiosa española no podemos en estos momentos y en esta fecha sentirnos ajenos a lo que es un clamor popular de exigencia de justicia en nuestro país.

Lo queremos hacer como signo de solidaridad con tantas tragedias, cuyas lágrimas y angustias no son para nosotros anónimas, sino de rostros que conocemos bien, conscientes también de las ambigüedades en que muchas veces cae nuestra propia Vida Consagrada, y llamados, como todos, a la conversión personal sin la que no será posible un cambio social que ponga en primer plano los valores de la justicia y la solidaridad, la ética y la búsqueda del bien común antes que los intereses particulares y partidistas.

No podemos dejar de constatar, con enorme preocupación, el prolongarse angustioso de la crisis social y económica, que afecta cada vez a más sectores de nuestra sociedad. Nuestra vocación nos llama a ser testigos de la misericordia y el amor de Dios en el mundo, y por ello no podemos permanecer insensibles ante una sociedad que egoístamente ha desplazado a los márgenes a aquellos que para Jesús son el centro.

Tenemos que preguntar con libertad evangélica a los responsables de los asuntos públicos, cómo es posible que aun disponiendo de tantos medios económicos y técnicos, no han sido capaces de ordenar la vida común de un modo verdaderamente justo y humano, preguntar si se están repartiendo con equidad las cargas de la crisis, y si de verdad se esfuerzan por encontrar todos los recursos posibles y necesarios para remediar lo que ya son necesidades primarias como la comida, la salud, la vivienda, la educación, la cooperación al desarrollo de los países empobrecidos, etc. No podemos creer que la palabra “no hay alternativas” sea la última palabra de nuestro momento presente como si fuese ya el fin de la historia. Nosotros creemos en el ser humano porque creemos en el Dios de la esperanza como motor de la vida.

Nos unimos, pues, a todas las voces, angustiadas o indignadas, que claman, en el día de hoy y cada día, por una sociedad distinta, donde sean posibles la justicia y la misericordia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MADRID, 15 de noviembre de 2012

Lo mejor del concilio

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Dolores Aleixandre
www.feadulta.com

Cuando empezó el Concilio yo llevaba una cofia almidonada de campesina borgoñona del s. XVIII que sobresalía por los lados y sólo me permitía mirar de frente. Al acabar el Concilio, la habíamos cambiado por otra que se ajustaba a la cabeza y hacía ya posible una mirada panorámica: todo un símbolo de la ampliación de visión y ensanchamiento de horizontes que se vivía a nivel eclesial.

Lo mejor del Concilio creo que fue permitirnos vivir la experiencia de que lo que parecía inmutable, mutaba, lo atado se desataba y lo petrificado se derretía. Y eso grabó en nuestras conciencias la convicción de que lo esencial del Evangelio es muy poco y casi todo lo demás es cuestionable, reversible y adaptable.

Se desmoronaban las murallas de la Jericó eclesial y se invitaba a todos pasear por sus parques y avenidas: la llamada a la santidad dejaba de ser propiedad privada de clérigos y religiosos y se convertía en una vocación universal que nos igualaba a todos.

La Biblia, considerada libro sagrado e inaccesible en vitrinas herméticas, se convertía en Palabra viviente, se instalaba en la mesa camilla de nuestra casa y viajaba con nosotros en transporte público. La liturgia se sacudía las sandalias de tanto polvo de rituales arcanos y vestimentas extrañas y la Eucaristía volvía a ser Pan roto y compartido que circulaba en la comunidad de hermanos y hermanas.

¿Lo peor? La falta de estrategias pedagógicas para explicar los cambios y un optimismo demasiado ingenuo y poco previsor: impidió calcular el poder que iban a seguir ejerciendo los sectores reacios al Concilio que, con la curia vaticana a la cabeza, ejercían mando en plaza y tenían en su mano la palanca del freno.

¿Qué cambió?

Dejar de mirar el mundo alejándose irremisiblemente de Dios y amenazando a la Iglesia: nos invitaron a contemplarlo confiando en la presencia fiel de Dios y de su amor irrevocable a la humanidad.

Llamar a la Iglesia “Pueblo de Dios” consiguió que le caducara el código de barras al anterior “modelo piramidal”. Esta nueva imagen conecta tanto con la propuesta evangélica de circularidad fraterna (en la que la silla del Padre vacía, en expresión feliz de Carlos Domínguez) que sigue manteniendo su poder de atracción a pesar de los intentos de sofocarla.

Ha emergido la dignidad de la conciencia, con la belleza de Eva en el jardín de la creación y han salido huyendo como sabandijas un sin fin de normas, rúbricas, prescripciones y observancias inverosímiles que se habían ido colando por las rendijas de la praxis cristiana.

Habían ejercido su ridículo poderío más tiempo del conveniente con la ventaja para el estamento clerical de que dejaban en sus manos el control de las conciencias: no hay más que recordar aquellas confesiones del “sonsáqueme, padre”, respondiendo a preguntas infames tipo “cuántas veces” y “con quién” que le amargaron la infancia a más de uno.

Ahora intentan volver a colarse y unos cuantos estarían encantados de su retorno, pero la conciencia cristiana adulta se ha enderezado como aquella mujer encorvada del Evangelio: ya no estamos dispuestos a perder el estatuto de los hijos para recaer en la sumisión de los siervos o en el infantilismo de los menores de edad.

En cuanto a los frenos y retrocesos y más allá de la responsabilidad de la jerarquía, que tiene su cuota, también otros hemos puesto trabas al fluir del torrente conciliar. La generación de los que vivimos aquellos cambios corremos el peligro de sacralizarlos sin admitir que se pongan en cuestión. Tenemos que ser más flexibles y estar dispuestos a someter a discernimiento los “formatos” en que hemos vivido el Concilio, aceptando que muchos de ellos necesitan de nuevo “aggiornamento”.

Pobres de nosotros si nos volvemos tan “ultras” como los que, del otro lado, se cerraron y se siguen cerrando a moverse de sus posturas.

Dolores Aleixandre

El Ciervo, Octubre 2012

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