Los resultados de la visita de las religiosas se presentan silenciosamente

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(Texto traducido por Desveladas)

11 de enero de 2012

Por National Catholic Reporter

Tres años después de que su anuncio causara una mezcla de ansiedad, ira y resentimiento entre muchas hermanas, los resultados de la visita apostólica iniciada por el Vaticano a las religiosas de los Estados Unidos han sido presentados en Roma silenciosamente.

La noticia de la presentación se produjo el 9 de enero en un comunicado de prensa de la oficina de la visita en Estados Unidos[1].

Según el Catholic News Service, el jesuita Fr. Federico Lombarda, portavoz del Vaticano, confirmó el 10 de enero que la Congregación del Vaticano para la Vida Religiosa había recibido los informes y “ahora los está estudiando”.

La Hermana Kieran Foley, el enlace de comunicaciones de la oficina de la visita en Estados Unidos, dijo a NCR que su oficina hará ningún comentario sobre la presentación. Los siguientes pasos de la investigación están “enteramente en manos de la Congregación [vaticana]”, dijo.

En el comunicado de prensa, la oficina de la visita dijo que la Madre Mary Clare Millea, superiora general de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús y visitadora apostólica nombrada por el Vaticano para realizar el estudio, ha entregado “recientemente” un “resumen general” de los resultados de la visita al Arzobispo Joseph Tobin, secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

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Asesinada Valsa John, hermana de la Caridad de Jesús y María

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Valsa John. Ver fuente imagen

ROMA, miércoles 16 noviembre 2011 (ZENIT.org).- La religiosa Valsa John, conocida por su labor en favor de los derechos de los aborígenes fue asesinada el miércoles a palazos en Pachwara, Jarkhand, región rica de minerales situada en el nordeste de India.

Sor Valsa, originaria del estado de Kerala –según informa Eglises d’Asie este miércoles– al suroeste de India, pertenecía a la congregación de las Hermanas de la Caridad de Jesús y María. Ingresó en 1984 después de haber estudiado economía en la St George High School, en Kochi.

La noticia repercutió en diversos medios locales, como en el Times of India que tituló Kerala nun murdered by mining mafia in Jharkhand (Monja de Kerala asesinada por la mafia minera en Jharkhand).

Profundamente comprometida con la defensa de los aborígenes, con quienes vivía desde hacía unos veinte años, había incluso adoptado su modo pobre de vida.

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Preguntas para desvelarse

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Hay, en castellano, dos verbos velar, ambos provenientes del latín: uno, de velare; otro, de vigilare. Así, velar puede significar, entre otras cosas, “cubrir, ocultar a medias algo, atenuarlo, disimularlo, cubrir con velo”, y “estar sin dormir el tiempo destinado de ordinario para el sueño”. Hay también dos verbos desvelar: uno, de origen castellano, a partir de des-velar, y otro, del latín dis-evigilare. Mientras el primero significa “descubrir, poner de manifiesto”, es decir, “quitar el velo”, el segundo, curiosamente, no es lo contrario de “estar sin dormir”, sino “quitar, impedir el sueño, no dejar dormir”. Desveladas, por tanto, en cualquiera de sus acepciones, que son muchas, no tiene nada que ver con permanecer dormidas, ni ocultas.

Las desveladas somos las que nos quitamos los velos, las que queremos quitárnoslos: los velos que nos hemos ido poniendo y los que nos han puesto, a lo largo del tiempo; los que han permitido proyectar, sobre la vida religiosa y monástica femenina, sobre sus miembros, realidades que no pertenecen a nuestra vida, llenándola, llenándonos, de tópicos y de estereotipos que han pasado, incluso, a nuestra autoconciencia.

Estamos desveladas, es decir, despiertas, en vela, en estado de alerta, no en sentido catastrofista, sino bíblico; despiertas, como centinelas que anuncian el alba, que se adelantan a ella, centinelas en la noche que intentamos agudizar el sentido de la vista a fuerza de mirar en la lejanía, que queremos aprender y adquirir el hábito de la mirada centrada y suave que traspasa la realidad inmediata y logra ver más, mejor y más lejos la figura que hay en el fondo, en el trasfondo, la profundidad de la realidad; despiertas, haciendo día de la noche, poblando las tinieblas con la luz que extingue las oscuridades.

Estamos desveladas porque queremos vivir plenamente, porque amamos a D*s, a la humanidad, a nosotras mismas, a la tierra, al universo… Y, al amar, buscamos, y la búsqueda nos mantiene en vela, repletas de desvelos, de empeños, de sueños que soñamos no dormidas, sino despiertas, conscientes, con los pies en el suelo y sin miedo a la utopía, porque confiamos.

Quitar los velos, quitárnoslos nosotras, tomando la iniciativa, sin esperar a que alguien lo haga, es hacer visible la cara oculta y ocultada, la cara desconocida que se esconde bajo ellos, para permitir que se vea –que nosotras mismas, individual y comunitariamente, veamos– lo que somos y lo que queremos y podemos ofrecer y ofrecernos. Es desnudar y desnudarnos de todo el ropaje que cubre, ocultándolo, lo que somos, quiénes somos, una a una y en conjunto. Es hacernos conscientes de que, bajo lo que nos vela, incluso mientras nos vela, hay un ser desnudo, nosotras, que clama por Ser, porque en la vida religiosa y monástica se pone en juego, ponemos, el ser entero.

¿Quiénes somos? ¿Qué nos trajo a esta vida? ¿O habría que preguntar Quién? Y si es así, ¿Quién o qué es Quién? ¿Quién o qué es D*s? ¿Nos preguntamos por D*s? ¿Lo hicimos alguna vez, o siempre estuvo ahí, como un axioma, como una premisa incuestionable? ¿Ha estado ausente en alguna etapa de nuestra vida? ¿Nos hemos atrevido a dudar? ¿Nos han desvelado las preguntas? ¿Las tememos? ¿Qué forma tienen nuestros interrogantes sobre D*s, cuando nos permitimos hacerlos? ¿Aún buscamos a D*s? ¿Podemos permanecer en esta vida sin esa búsqueda diaria, cuando hay luz y cuando falta? ¿Es nuestra imagen de D*s un ídolo? ¿Estamos dispuestas a desnudar nuestra fe de las creencias adheridas?

En la sección Pido la palabra de esta web, hay un documento titulado “El fundamento de la Vida Religiosa”. La autora confiesa la imposibilidad de seguir haciendo teología de la vida religiosa sin el testimonio de las monjas y de las religiosas, sin sus preguntas por D*s, sin su experiencia de fe, más allá de las creencias. ¿Le daremos el material que necesita?

Desveladas

“Se les abrieron los ojos”: Eva, la primera desvelada

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La Vida Religiosa femenina permanece velada hacia dentro y hacia fuera. Queremos su desvelamiento. También deseamos sus desvelos. No se trata de ninguna novedad, sino de tomar conciencia de que desvelarse, en sus múltiples sentidos, puede ser un programa de honda tradición bíblica.

Hay un primer desvelamiento en el segundo relato de la creación. Comencemos por él, por el Génesis, por el principio. Recordemos el texto de Gn 3, 1-7.

Ya ha tenido lugar la creación del humano mediante el traspaso divino de su Ruah(1) a las narices de un ser elaborado manualmente con tierra y agua (barro) en un entorno en el que la vida brota en todo su esplendor. Solo le falta respirar. La divinidad sopla su propio Aliento, su Ruah, su Espíritu, en la humanidad que lo recibe y lo asume como don y como responsabilidad (le sopla su aliento y lo convierte en ser viviente) (2).  De ahí en adelante, el ser humano puede vivir, tiene la responsabilidad de respirar por sí mismo para seguir viviendo.

Ya ha tenido lugar, también, el despertar a sí mismo al reconocerse en otro ser humano: hueso de mis huesos y carne de mi carne. Varón y mujer, ambos de la misma especie, ambos semejantes y diferentes. El despertar del sueño de la inconsciencia lleva consigo un desvelamiento de sí y de los otros, de la otra, en este caso.

Ha tenido lugar, además, la prohibición divina de comer de un árbol concreto, de aquel que está en el centro del jardín, de un árbol especial. La prohibición prepara otro desvelamiento: la capacidad para elegir, el descubrimiento experiencial de la propia libertad y, por lo tanto, de la responsabilidad.

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Historia de un nombre

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Aunque hablaré en primera persona del singular, en realidad soy plural, como ratificará la firma. Voy a empezar con el nombre. El nombre nació, como una casualidad, de una conversación entre algunas religiosas amigas sin hábito ni velo. Hablábamos del “problema” vocacional (es decir, de la escasez de mujeres que hoy se apuntan a lo nuestro). Apareció lo evidente. Esa evidencia que nos está delante y ante la que permanecemos ciegas: que desde que nos quitamos el hábito no se nos ve, o sea, no se nos identifica de inmediato y con toda facilidad. Decíamos: casi mejor, porque el sucedáneo del hábito no siempre es digno. ¡Anda que no “canta”! Cuando aparece una mujer con esa pinta, todo el mundo sabe que es una religiosa (hablemos con propiedad: las “monjas” son las que viven en los monasterios). Y, claro, en seguida nos hicimos la pregunta del millón: si ahora no se nos ve, ¿cómo van a saber otras mujeres que somos religiosas y cómo podremos mostrarles lo que somos y que tengan, al menos, la posibilidad de elegir unirse a nosotras? “Estamos más veladas que antes”. Qué paradoja. Ahora que nos hemos quitado el velo, no se nos ve. ¿Qué podemos hacer? Está claro: desvelarnos. Como al paso, se nos ocurrió habilitar un espacio en la red para el desvelamiento. Poco a poco, seguimos diciendo, iremos descubriendo lo que queremos desvelar y cómo. En seguida, pasamos de las posibles vocaciones a toda la gente. ¡Por Dios, si no nos conoce nadie! Ni los eclesiásticos ni los indiferentes ni hombres ni mujeres de la calle… Y, seguíamos, hay una tremenda contradicción, pues la vida religiosa, por lo menos la femenina, todavía la más numerosa, es un estilo de vida público. Un lío. Nos tenemos que dar a conocer, pero sin tener que negar nuestra condición de mujeres, nuestra pertenencia a esta sociedad y cultura. Es un lío porque en el curso de la conversación nos dimos cuenta de algo bastante fuerte: que la invisibilidad como religiosas ha sido en buena medida consecuencia de la visibilidad de nuestra condición en cuerpo y alma (cuerpo, sobre todo) de mujeres. La ecuación era clara: religiosas=mujeres; mujeres=invisibles. Las que tenemos un compromiso con el resto de las mujeres, las de entre nosotras que somos feministas, nos quedamos bastante impresionadas. Nos dimos cuenta de que para desvelarnos teníamos que ratificar nuestro compromiso con las mujeres. Descubrimos nuestro destino común y nuestro objetivo común. A partir de este punto, cada cual manifestamos perspectivas diferentes, pues mientras que unas creemos que se trata de algo colectivo, otras pensamos que sigue siendo fundamental la conquista de la individualidad. Si eso es complicado para cualquier mujer, para la religiosa lo es multiplicado por diez. En fin, que decidimos llamar a la casa común “desveladas”. A los pocos días de este “acto fundacional” ya teníamos una larga e interesante lista de razones y sentidos sobre el nombre.

Nos hemos referido a las preguntas como desde fuera: se nos ve, no se nos ve, debemos manifestarnos, hay que desvelarse… El asunto, sin embargo, nos lleva un poco más lejos, pues al volver la pregunta reflexiva la cuestión es, si cabe, más seria. Mira que si tampoco nosotras nos “vemos”… mira que si no nos hemos desvelado… Decidimos no perder de vista que, tal vez, la invisibilidad sea el estado natural en el que nos hemos desenvuelto hace décadas; desde, quizás, los tiempos en que nos des-habitamos y nos des-velamos. Repito la paradoja: al des-velarnos nos hemos velado. ¿Es esto un hecho positivo? A priori y, en general, es osado pronunciarse.

Las desveladas que somos tenemos mucha miga. Esta palabra condensa muchos significados. De ellos, unos bíblicos y teológicos y otros políticos y hasta poéticos, nos ocuparemos otro día. Comienza el “streaptease”.

Desveladas

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