Jesús Bastante

eldiario.es (4-12-2018)

La Unión Internacional de Superioras Generales, que aglutina al medio millón de religiosas católicas, condena “a los que mantienen la cultura del silencio y el secreto, bajo la apariencia de protección de la reputación de una institución”.

Han pedido que se hagan públicos informes sobre abuso sexual, que se denuncie y se explicite la explotación laboral de religiosas, utilizadas muchas veces como criadas tratadas como “menores de edad”.

“Tenemos que romper el silencio, solo en la verdad destruiremos la cadena de poder”, sostiene Rocío Figueroa, teóloga que fue expulsada tras denunciar abusos sexuales.

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EFE

Las mujeres en la Iglesia han dicho basta. Basta a los abusos sexuales, laborales, al machismo imperante en la estructura eclesial y a la “cultura del silencio y el secreto”. Y alzan la voz. De distintas maneras. La más sonada, la que ha lanzado la Unión Internacional de las Superioras Generales (UISG), organismo que representa al más de medio millón de monjas católicas del mundo, que ha emitido un comunicado mostrando su “profunda tristeza e indignación” por “las formas de abuso que prevalecen en la Iglesia y en la sociedad en nuestros días”.

Abusos que, sostienen, en la Iglesia se dan “de múltiples formas: sexual, verbal, emocional, o cualquier uso inapropiado del poder en las relaciones que merman la dignidad y el desarrollo sano de la víctima”.

Frente a ello, las religiosas católicas “permanecemos al lado de las mujeres valientes y de los hombres que han presentado informes sobre los abusos a las autoridades”. “Condenamos a los que mantienen la cultura del silencio y el secreto, a menudo bajo la apariencia de “protección” de la reputación de una institución o como “parte de la propia cultura”, subraya el comunicado, que exige “informes civiles y penales transparentes de los abusos tanto en las congregaciones religiosas, en las parroquias y en los distintos ámbitos diocesanos, como en cualquier espacio público” para frenar esa cultura del silencio.

Estamos hablando de pederastia, pero también de clericalismo, que especialmente sufren las religiosas, abocadas a abusos de poder por parte de los clérigos, que casi las convierten en sirvientas del sacerdote u obispo de turno. La falta de voz en la sociedad, la firme jerarquía y los votos de obediencia agravan su situación como mujeres. Por ello, el comunicado del máximo organismo de las religiosas del mundo insta a “cualquier religiosa que haya sufrido abusos informe sobre este a la responsable de su congregación, a la Iglesia y a las autoridades civiles según se considere más conveniente”, y se compromete a ayudar a la víctima a “actuar con valentía y presentar la denuncia a las organizaciones apropiadas”.

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